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la carta del talibán

EN UNA CARTA  de tres folios, el presidente del Congreso José Bono ha hecho llegar al portavoz de ERC, Joan Ridao que en tanto no se modifique el Reglamento, no está en su mano permitir que tanto en el hemiciclo como en las comunicaciones de los diputados con la Cámara Baja se utilice otro idioma que el común a todos los españoles.

Motiva el razonamiento en un criterio de su antecesor, Manuel Marín, quien tras ceder ante los nacionalistas, éstos aprovecharon cada oportunidad para provocarle continuamente y conseguir tensionar todas y cada una de las sesiones plenarias. No importa tampoco que en la propia Mesa de la Cámara el ex vicepresidente de la Comisión Europea admitiera su error y dejara por escrito -constancia aprobada por mayoría.- de que esa medida de gracia no crearía ningún precedente. ¿Ignoraba acaso que la menor cesión a un nacionalista es un derecho inalienable y el principio de otras reivindicaciones insaciables?

 A Ridao le ha faltado tiempo para filtrar la misiva y acusar a Bono de haber logrado “una victoria ideológica del nacionalismo español más uniformista”. Ello confirmaría –ha enfatizado- la inviabilidad de hacer reformas hacia la “federalización del Estado”. En pocas palabras, que el diputado socialista por Toledo, es un talibán. Español, naturalmente. Bono se ha comportado con sensatez y paralelamente cumple la ley. No es un héroe por ello pero hay que valorar en lo que vale su actitud en estos tiempos de camuflaje. ¿Dónde quedó aquella promesa de Rajoy de presentar en cuatro meses una ley para que se pudiera estudiar en español en todo el territorio nacional, desde la escuela a la Universidad?

No se puede ser tolerante con los fanáticos que trabajan y encima les pagamos para destruir el sistema autonómico que nos dimos hace 32 años. La generosidad de Marín se entendió como una debilidad. Pero esta carta deja las cosas en su sitio. No le van a faltar provocaciones de los “galeuscos”. Incluso de algunos oportunistas del PSC. Resulta esperpéntico y bochornoso la babel en la que se ha convertido la Comisión de Autonomías del Senado que nos cuesta 7.000 euros por tarde cuando todos hablamos y nos entendemos en el idioma de Cervantes.

En Francia, como saben, hay dos asuntos que no se pueden discutir en la Asamblea Nacional: la forma republicana de Estado y la unidad de la Patria. Aquí, Ibarretxe ya pudo defender su derecho a la secesión. Falta que Cayo Lara nos repita en la próxima legislatura las razones que le ha dado al Rey para instaurar la III República. Porque, lo grave no es que Ridao hable de volcar España al federalismo; es que se lo hemos escuchado este verano al propio ministro de Justicia. Después de los improperios y advenimientos ante la sentencia no conocida del Estatut, si éste resulta inconstitucional incluso en una coma, tendríamos que cuestionarnos en referéndum por qué tendríamos que seguir pagando con nuestros impuestos a los que quieren romper la convivencia, el estado y el país. Un país llamado España. Todavía.

Apoyamos la iniciativa del presidente José Bono. Primero por coherencia con su pensamiento y segundo y fundamental: porque es el primer político a nivel nacional –antes lo hizo Patxi López- que ha dicho con firmeza y sin levantar la voz ¡basta ya.

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