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cincuenta años no es nada

 Encuentro de los antiguos alumnos trinitarios en el seminario de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) 

      Por Antonio REGALADO*

 LA CITA ES EN SEPTIEMBRE pero lo importante no es la meta si no el camino. No es una cita para desandar lo andado. Todo lo contrario; para reencontrarnos con nosotros mismos.  Queremos volver al seminario por unas horas para recordar sin nostalgia (y con mucho cariño) los orígenes de nuestra vida. Ha pasado medio siglo pero parece que fuera ayer cuando los que vivíamos en el oeste  llegamos a las tres de la mañana en el tren Madrid-Sevilla, con parada en Villacañas. ¡Villacañas, tres minutos!

   Éramos unos críos, venidos la mayor parte de pueblos rurales; hijos de agricultores modestos, en gran parte. Para muchos era nuestro primer viaje  al “exterior”. Y  llegábamos con la vocación de hacernos sacerdotes trinitarios. Una gran mayoría éramos  monaguillos.  A unos nos cooptó el Padre Antonio que apareció en nuestras escuelas con su moto; a otros el Padre Andrés; a los de Cuenca el Padre Jesús… Buena parte llegaron de la mano del Padre Juan María, gran artista del balón. Por cierto, al padre Antonio de la Inmaculada podemos darle un abrazo fuerte todavía porque tras su periplo romano de veinte años, ahora regenta con la humildad de siempre nuestra iglesia conventual de Alcázar.

    Allí nos embarcamos en la primera aventura de nuestra existencia.  Aún recuerdo la llegada  a la estación con un calor infernal, en la mitad de la noche, con una maleta de madera repleta de ropa limpia bordada por mi madre con el número 7 y  un pequeño maletín para limpiar los zapatos.  Aún conservo  esa maleta de encina con un agujero en la cara posterior como si hubiera sido atravesada por una bala de la guerra incivil.

   Y luego, la iglesia y aquel pasillo interminable de camas alineadas. En un fondo, los lavabos y al otro, el dormitorio del padre Antonio. La capilla, las escaleras, los pianos, el profesor don Gundamaro, el patio… ¿Cómo no recordar los sábados y domingos despertándonos con música, e incluso, con los discos de Gila, luego famoso en la TVE1.  La lectura en el refectorio, si recordáis,  fue toda una experiencia para seguir aprendiendo.

    La jornada no tenía grietas. Aprendimos a valorar el tiempo y a convivir. Porque allí vivimos en armonía, muchachos de  León, Salamanca y Zamora con los de Albacete, Cuenca, Ciudad Real, Cáceres, Badajoz, Alicante…

   Y qué decir del horario, todo milimetrado, sin espacios para tentaciones y aburrimientos: misa, desayuno, estudio, clases, recreo,  – más clases-, nuevo recreo,  rosario y más estudio. Los días de pelota a mano en el frontón –los leoneses y zamoranos eran los más expertos-  los jueves fútbol en el campo municipal y los sábados o domingos baloncesto, con la Balmes… fueron épicos.  

   En días de fiesta, el hábito blanco, con la cruz trinitaria, rojo sobre azul, un orgullo. La foto en sepia aún me acompaña para recordarme que aquel tiempo pasado fue estupendo. Como en la viña del Señor, muchos fuimos los llamados y pocos los escogidos como relata San Mateo en 22:14. Así es que con las llegadas de las notas, en cada navidad y exámenes de junio, los cursos se diezmaban.  Pero los demás seguíamos adelante. Muchos tuvimos la suerte de llegar al Santuario. Aquello era otro mundo… y decenas de los ex alumnos de la Virgen de la Cabeza nos hemos reunido por tercera vez para dar las gracias por haber tenido el privilegio de recibir siempre el amparo de la Morenita. 

   Precisamente, de esos encuentros de Andújar, celebrados en 2005, 2007 y 2009, ha surgido este llamamiento a TODOS los que tuvimos el privilegio  de iniciarnos en Alcázar. Iniciarnos en el aprendizaje del estudio, de la bonhomía, de los valores trinitarios, de la ética, de la austeridad. Unos principios sólidos con los que hemos acometido mejor y con firmeza las embestidas de la vida.   

   A muchos, aquel viaje iniciático a tierras de La Mancha, nos cambió la vida de parte a parte. Y para bien. Sin duda, la enseñanza principal fue la de ser buenas personas. Por eso queremos en septiembre  “volver a casa” para agradecer a los PP. Trinitarios que se cruzaran en nuestro camino a temprana edad; queremos reencontrarnos después de medio siglo con los viejos compañeros de pupitre, hoy desperdigados por media España; queremos saber qué ha sido de sus vidas y de sus familias; de sus haciendas, ocupaciones y preocupaciones. Tenemos intención de celebrar juntos  la Eucaristía  y un almuerzo común para recordarnos a nosotros mismos que seguimos siendo eslabones de la cadena trinitaria que jamás se romperá.

 Nuestra transición a la vida también comenzó en Alcázar al filo de los sesenta. Ha llovido mucho desde entonces pero aquellos principios que se nos inculcaron por los seguidores de San Juan de Mata marcaron nuestro rumbo. Y nos sirvieron de guía en la mitad de las tempestades perfectas que nos ha regalado el siglo.  A  este  ENCUENTRRO EN ALCAZAR, promovido por el Padre José María Ledesma, estamos todos invitados. Y vuestras familias. Allí no sobra nadie. Es otra manera de sentirnos más trinitarios. Nuevamente. Con la experiencia a cuestas del peso de los tiempos. 

   Dejó escrito San Pablo a los Corintios que “en el atardecer de la vida, nos examinarán del amor”; aquí, en la década prodigiosa de los prejubilados, nos examinaremos a nosotros mismos de la amistad. Y del cariño acumulado.

   Algunos hemos tenido la inmensa suerte de seguir en contacto con los compañeros de curso,  una vez abandonada la Orden; luego, hemos ido incorporando a otros en la carretera sinuosa del camino al Santuario. Todos somos iguales. Todos sentimos que, por fortuna, nunca nos faltó la fe.

   Esta es una ocasión única para fundirnos en un abrazo colectivo. Hace diez lustros  -50 años no son nada- sentimos la irresistible llamada de la liberación trinitaria. En septiembre, si Dios quiere, ratificaremos, ese compromiso.  Queremos que sea una jornada de confraternización,  sencilla, donde nosotros y nuestras familias volvamos al lugar de La Mancha, de cuyo nombre sí queremos acordarnos. Decía que para esta empresa, para esta iniciativa, necesitamos todas las manos. Y todas las sonrisas. Serán unas horas de emoción contenida  para condensar los 18.650 días  (con sus 18.250 noches) trascurridos  desde que aquel tren eléctrico nos dejó en la  mitad de la noche  de verano alcazareña a los que veníamos desde la ciudad charra.  Aquí, como en otras empresas, lo  principal es llegar unidos. Ya lo dijo León Felipe: “porque no es lo que importa llegar solo ni pronto; si no juntos y a tiempo”.

   Sean éstas, pues, unas palabras de invitación al ENCUENTRO DE ANTIGUOS ALUMNOS TRINITARIOS. Para todos. Los que inauguraron el seminario a mediados de los cincuenta y los que cerraron las puertas en los setenta. Todos somos trinitarios. Alcázar, al fin y al cabo, es un cruce de caminos por donde se llega a todas partes. Os esperamos. Bienvenidos.

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*Antonio REGALADO, alumno trinitario (1960-64) es coordinador del Encuentro de Alcázar de San Juan.

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