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más democracia interna

A PESAR del pucherazo que el aparato de Ferraz prepara contra Tomás Gómez, las primarias son el único cordón umbilical de los partidos con los militantes. Gane quien gane, pierde Zapatero por creer que su dedocracia omnipotente era infinita. El mérito del secretario de la FSM es dar la voz (y el voto) a las bases. Vemos cómo lo cargos remunerados entregan su lealtad al amo sin rechistar. Penoso. Lo mismo pasa en Valencia con Alarte frente al aire fresco que representa Asunción. En Rioja primarias. En Andalucía, no. ¿Por qué?

Siempre es más digno el comportamiento del ex alcalde de Parla que las imposiciones a dedo en Madrid (2007) de Trini y Sebastián ambos derrotados con holgura popular. ¿Y en el PP? Las primarias se acabaron antes de empezar, cuando Gallardón, mediante su escudero Cobo se presentó contra Esperanza Aguirre retirándose antes de perder por goleada. Las amnistías al vicealcalde y a Costa confirman, desgraciadamente, que los códigos éticos están para romperse. El espaldarazo a Camps (extendible a Fabra, Cotino, Ripoll, etc.) permite aventurar que en los partidos grandes no hay resortes para la regeneración de la vida política. Rajoy es capaz de recuperar al corrupto ex presidente balear, Jaume Matas. Ya le prolongó una pensión compensatoria de 5.000 euros mensuales mientras trabajaba en la Gran Manzana.

¿Para cuándo listas abiertas, mandatos máximos por dos legislaturas, transparencia de gastos en los partidos y elección de los mejores? Alardea el PP de disponer al menos de cinco candidatos a la alcaldía de Toledo para desbancar a Paje. Implíquese en unas primarias con igualdad de oportunidades. Refórmese la ley electoral para romper el bipartidismo y para que gobierne el partido más votado en segunda vuelta. Solo así se aumentará la democracia interna de los partidos y se devolverá la confianza al contribuyente. O por decirlo en clave sociológica: que los políticos no sean el tercer problema de este país tras el paro y la situación económica.