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barrera desbroza el camino

FUE  el primero en denunciar la crisis; el primero en adelgazar el gobierno, el primero en rebajar los sueldos de la Administración regional,  el primero en pactar con los sindicatos y la patronal una salida al tsunami laboral, económico y financiero, y el primero en pedirle abiertamente a ZP que remodelara el Gabinete para hacer frente al porvenir. No es un visionario  ni un profeta. Es un hombre pegado a la realidad. Y a la tierra.  José María Barreda sabe que gobernar no es echar balones fuera postergando los problemas y demorando las soluciones. De ahí que le duela el paro –esa tragedia colectiva que se está cebando con nosotros- y la falta de liderazgo en su partido.  El país se refleja en el espejo de La Moncloa y la imagen  de ZP como presidente de la Nación es de convexa claudicación. Claudicó ante el PNV, para salvar unos presupuestos infumables; claudicó ante los sindicatos “amparando” una huelga-tongo donde los compañeros de CCOO y UGT siguen con los privilegios; claudicó en la política exterior (Venezuela, Marruecos, Cuba), no hay pacto para remodelar las pensiones ni acuerdos con el PP para cerrar el mapa autonómico. No moverá un músculo para acabar con el transfuguismo de Benidorm, otra claudicación de libro. Con el impulso al Estatut no se ha roto España pero se ha deshilachado hasta el punto de que ya no se puede estudiar ni aprender en español en Cataluña y hasta te multan por rotular en la lengua de Cervantes.

El PSOE ha desnivelado las políticas del agua; ¿qué se fizo con las desaladoras?  ZP dejó colgado a Barreda con la reforma del Estatuto de CLM ante el regocijo de Valencia y Murcia y la inversión presupuestaria ha castigado a nuestra tierra como nunca antes en democracia. ZP ha ensanchado la insolidaridad. Además, el PSOE de golpe se ha vuelto antitaurino en el Parlament y en el Senado. Un sinsentido.

A Barreda, la oposición le identifica (malévolamente) con las políticas de Zapatero. Y eso desgasta mucho también. Pero los disparos son de fuego cruzado y de fuego amigo. Tras el varapalo de Tomás Gómez en Madrid, el secretario general guarda silencio y ello perjudica al PSOE. El gran visionario y apoderado de Trinidad marca los tiempos para salvar su pellejo; ni un gesto de generosidad para neutralizar tanta desigualdad ante nacionalistas y andaluces. Hay tiempo para reaccionar, piensa el presidente castellanomanchego. Rodríguez Zapatero es un catedrático en el arte de perder el tiempo. No hará nada para adelantarse al futuro. Solo espera el momento de salvarse  a sí  mismo. Si puede. En política no hay mayor delito que perder el tiempo.

Estamos con Barreda en la limitación de mandatos para todos los cargos electos. Como lo estamos con las primarias como regla general para todos los partidos. A Barreda hay que alabarle la valentía (y la coherencia) por predecir la catástrofe socialista en las autonómicas y locales si no se cambia de rumbo y de ritmo. No es, precisamente, de los que abandonan el barco en plena tormenta. Nada le debe al “Maquiavelo” de León. Y nada debe esperar de un político tan poco generoso como Zapatero. Es de suponer que tras el aviso de Cataluña, el presidente adelante las generales. Mucho nos tememos que se mantenga en la poltrona y repita cabeza de cartel por tercera vez. Y a la tercera  ganará Rajoy. Muchos madrileños tampoco olvidarán que tienen que votar a un socialista que los ha castigado financieramente porque gobierna la Comunidad Esperanza Aguirre.

Las confesiones de Barreda deberían despertar la conciencia de otros notables socialistas para disputar las primarias en el seno del partido. Quizá este desbrozando el camino para que el PSOE no se hunda por el egocentrismo de un hombre solo. Tocados Rubalcaba y Blanco, ausente en los asuntos mundiales el exquisito  Solana, defenestrado Asunción, solo queda un nombre propio con preparación, talante y ambición suficiente para evitar el desastre: José Bono Martínez. El vecino de los leones del Congreso de los Diputados –que lo ha sido todo en política menos presidente del Consejo de Ministros- debería ser consciente –como nos ha enseñado el maestro  Jorge de Esteban- de que la única vez que no podemos fracasar es la última vez que intentamos algo. Y Bono debe intentar el asalto a La Moncloa con toda el alma en 2012.