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la constitución en alerta

ESPAÑA celebra el trigésimo segundo aniversario de la Constitución por vez primera en estado de alarma tras una huelga de cielos vacíos. Militarizados los controladores, rendirán honores de ahora en adelante a Carme Chacón mientras Blanco “secuestra” al responsable de los amotinados y Zapatero sigue escondido en La Bodeguillla. Rubalcaba ha salido con el morro acostumbrado a justificar el decretazo franquista que autoriza al gobierno a acojonar al personal. El vicepresidente ha ganado en el BOE el pulso a los conspiradores exacerbando el cabreo colectivo del populacho. Debería haber llegado hasta el final promulgando el estado de excepción. O mejor, declarando la guerra a los multimillonarios empleados de AENA. Y, si procede, a fusilando media docena de sediciosos al amanecer. Patético. Un simple golpe de autoridad (mediático) para desviar la atención sobre la gestión pésima del ministro Blanco. El medio millón de zombis deambulando por los aeropuertos españoles –cabreados- son la viva expresión de un país impotente y desesperado. ¿No tenía que haber dimitido el ministro de Fomento? La forma de hacer política – decretazo mediante- no es la más democrática, precisamente. Este Gobierno ya no da más de sí pero ha conseguido algo importante: hacer olvidar que los parados de larga duración se quedarán sin 426 euros de subsistencia a partir de febrero. Socialismo zapateril. Zarrías ha estado “cumbre” echando la culpa a Rajoy, atrapado en el caos a solas en el Atlántico. La improvisación del Ejecutivo es proverbial. Se han perdido 1000 millones y la imagen de España se ha deteriorado más todavía. ¿Por qué ZP y los controladores no pagan la factura a los afectados? Ya verán como han pactado en secreto que los controladores se vayan de rositas. El ejército invade los aeropuertos y apenas un centenar de policías se destacan en Ceuta y Melilla para detener las presiones anexionistas de Marruecos. En este aniversario (de excepción) la Constitución necesita más lealtad que nunca. Y Zapatero escondido. Su cobardía lo explica casi todo.