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el talón de aquiles (sin fondo)

(Artículo rescatado del  archivo). Previsiblmente de 2007

PASAR por la túrmix de La Moncloa amansa a los visitantes. Todos salen transfigurados. Unos, como Esperanza Aguirre, levitando; otros, como Francisco Camps, receloso, mosqueado. Ninguno indiferente. La letra, al parecer, la ponen los representantes autonómicos; la música (y el talón), el presidente Rodríguez Zapatero. Las maratonianas reuniones comenzaron de forma clandestina con Montilla (Generalitat de Cataluña) y terminarán, con luz y taquígrafos, con Juan José Imbroda (Melilla) y Juan Vivas (Ceuta). El desfile de Herrera, Iglesias, Valcárcel y Barreda confirmó lo que ya sabíamos del presidente: que está dispuesto a repartir dinero para todos y para todo. No habrá trasvase del Ebro pero sí trasvases al Júcar desde el Tajo. La fórmula –el modelo- no es nada sencilla de amalgamar. Al Fondo de Garantía de Servicios Públicos Fundamentales (el fondo que interesa a los derechos básicos consagrados por la Carta Magna), es decir, a la igualdad) hay que ‘casarlo’ con el fondo de Suficiencia Global (resto de competencias) y al de Convergencia (evitar que nadie quede en el camino de bienestar hacia la UE). Aquí se abren dos subfondos: el de Competitividad, (recursos adicionales para compensar a las comunidades cuya renta per cápita esté por debajo de la media; y el de Cooperación, que se distribuye entre las comunidades menos ricas. ¿Dónde queda el Fondo de Compensación Interterritorial que se otorgaba en proporción directa a la población y la extensión, e inversamente proporcioinal al paro y a la renta? A estos talones de Aquiles sin fondo –ni el presidente ni Solbes han puesto una cifra a las Fórmulas mágicas de Fierabrás- hay que añadir otro nuevo: el de las comunidades que no crecen en población como Asturias, Extremadura o Castilla y León. ¿Cómo y cuánto se va a repartir? ¿Dónde se incluirán conceptos como la inmigración o la insularidad? Tiene razón el presidente Barreda al afirmar que todos los conceptos nos benefician (extensión, población, personas dependientes, mayores de 65 años y menores de 18) e incluso la insularidad –permítasenos la licencia- si aceptamos como deuda histórica el gobierno de la “Insula de Barataria”, a medio camino entre Alcázar de San Juan, Puerto Lápice y Herencia. Ya verán ustedes dentro de un año reclamando deuda histórica desde los iberos. Nadie discute que las CCAA son también Estado. Pero sí es discutible la falta de lealtad constitucional de Cataluña o País Vasco como cada día demuestran sus dirigentes al no cumplir las leyes del Tribunal Supremo (sentencias sobre la bandera o la lengua común). Zapatero está adelgazando el Gobierno central conduciéndonos a un Estado federal sin reformar la Carta Magna. Mientras tanto, Cataluña está en contra del reparto –Euskadi y Navarra van a su bola- y Valencia, Castilla y León y Aragón reclaman que se cumplan sus nuevos estatutos. Más allá de las cifras que nadie ha precisado todavía, -entonces vendrá el llanto y el crujir de dientes- los castellanomanchegos estamos en inferioridad de condiciones porque nuestra nueva futura constitución sigue debatiéndose en el Congreso y nada dice de estos talones (sin fondo) que tendrán que pasar antes por la Comisión de Política Fiscal y Financiera. La pregunta es ¿para qué? La bilateralidad anulará a la multilateralidad. Adiós a la solidaridad. José María Barreda priorizará las inversiones en educación, sanidad, las prestaciones sociales y atención a la dependencia. Resulta obvio porque es la filosofía que con la que se han aprobado las cuentas públicas. Naturalmente que no se abrirán embajadas ni en París ni en Nueva Gales del Sur. Pero, los catalanes saben que hasta que no le paguemos esos caprichos para colocar al hermano y primo de Carod Rovira, no llegará un duro para los demás. Y eso que solo nos endeudaremos entre 8.000 y 10.000 millones de euros este año. Lo del empobrecimiento de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos no seria la mayor carga si éste no fuera un paso fundamental en la construcción del estado federal sin reformar la Constitución. Los experimentos con gaseosa. El talón Aquiles de nuestra democracia puede pasar del terrorismo a la deslealtad. Ni un duro a los desleales. La nación no es un concepto discutible y discutido.