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estado de excepcion y cabreo (y II)

LOS ESPAÑOLES  exigían en el último barómetro del CIS  reformar la Carta Magna y defendían con ahínco las bondades de la Transición democrática. Las FFAA, la Monarquía y Defensor del Pueblo son, por este orden, las instituciones más valoradas. Y eso que no había entrado en vigor el R.D. proclamando el estado de alerta. Bancos, Gobierno y grupos empresariales detentan el poder en España. Eso dice poco a favor de Zapatero. Resulta inquietante que cuatro de cada diez ciudadanos crean que los partidos políticos solo sirven para desunir a la gente; consecuentemente, un porcentaje mayor considera que los políticos no se preocupan de lo que piensan los contribuyentes. No es menos preocupante que la gente no entienda que, esté quien esté en el gobierno, los partidos siempre buscan intereses personales o partidistas.

   Lo que queda del año es un amargo sabor a estado de excepción de ópera bufa (y bananera) si no fuera por la trágica situación económica y social que padecemos. Puede que estemos en la última curva de la carretera. Pero con un conductor  ebrio de optimismo antropológico es más fácil derrapar antes de enfilar la recta final. Necesitamos elecciones generales ya para cambiar el rumbo y el ritmo de la historia, para tornar el desencanto en entusiasmo individual y colectivo.

Vivimos en un estado de cabreo con un gobierno copresidido por un “buenista” impenitente  y el “más listo” de la clase –el conde duque Rubalcaba- con demasiados cadáveres en el armario. El próximo año necesitamos sacudirnos, voto a voto, el peso de un “bienio horrible”. Ahora, más que nunca, se precisan políticos que piensen en los demás y no en sus amigotes de partido. Políticos serios que retomen el consenso de la Transición firmando  nuevos pactos de La Moncloa para salir de la crisis: acuerdos en enseñanza, sanidad, energía, agua; reformas laboral,  del Congreso y del Senado, mapa autonómico y pensiones. Objetivo: crear empleo. Volver a vivir dignamente.

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estado de excepción (I). lo que queda del año

LO que queda del año es la imagen de un país militarizado por el gobierno con más talante y menos talento de la democracia. Si el PP hubiera dado una orden de este jaez, el insulto más socorrido que  hubiera transmitido el PSOE a sus acólitos de la ceja era el de fascista. Todavía no ha explicado el presidente por qué en el R.D.,  junto a la firma del Rey figura la de Ramón Jáuregui, ministro de Presidencia y no el suyo.  Con Wikileacks hemos descubierto el doble lenguaje de este ejecutivo fantasmagórico que ofrece una cara antinorteamericana en los telediarios  y otra entreguista ante Washington, París o Berlín buscando una palmadita en la espalda de genuflexo agradador.  No sorprende que Zapatero y el PSOE quieran prolongar el estado de excepción hasta pasadas las Navidades aduciendo que la patria – ellos dicen siempre “este país”- está en peligro por un puñado de controladores chantajistas, ya acojonados por el Fiscal y el ministro Blanco.

Quienes tensionaron la Constitución con el Estatut, los mismos que  distorsionaron la Transición para volver a la II República, no han dudado un segundo en forzar la interpretación de la Carta Magna para detener manu militari un conflicto laboral. Con los mercados pisándonos los talones, la última entrega del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)  confirma, por inmensa mayoría, que España no va bien ni política ni económicamente.

Paro, llegar a final de mes, partidos políticos, educación,  crisis de valores y pensiones son los seis problemas fundamentales que nos agobian. La Constitución es todavía una asignatura pendiente para más del 97 por 100 de los  españoles aunque la mitad estemos satisfechos con sus resultados. Por vez primera se piensa en reformas concretas de la ley de leyes: justicia, sistema autonómico, garantía de los derechos sociales,  sucesión a la corona; reformas del congreso y del senado, endurecimiento de las penas y cumplimiento íntegro de sentencias. Eso es lo que pide el pueblo.