Sin categoría

juventud y fe / antonio regalado

El  millón de jóvenes católicos venidos de todos los rincones del orbe  para celebrar junto al Papa la JMJ nos reconcilia con el futuro. Una sociedad que tiene una
juventud tan valiente y unida en la fe católica hace concebir un mundo mejor. Y no será fácil. Porque a esta muchachada alegre y confiada, de sonrisa contagiosa y amor a flor de piel les hemos dejado una herencia envenenada. Los he seguido con envidia por la Plaza Mayor de Madrid, por Sol, por la calle de
Alcalá y por el Retiro.

Son los amigos de Jesús. Han aguantado  horas y horas lo indecible con un calor inmisericorde y una tormenta perfecta en la acampada de Cuatro Vientos. Los católicos se han “mojado” una vez más con entrega, sacrificio, solidaridad y siempre con entusiasmo. ¡Esta es la juventud del Papa!, coreaban en mil lenguas distintas. Pero todos entendieron el mensaje de Benedicto XVI: ser misioneros del siglo XXI y testigos de Jesús en una tierra convulsa
e injusta. Les ha pedido que se inserten en las parroquias que participen en la eucaristía, que frecuenten el sacramento del perdón, que cultiven la oración y
que no separen de la Iglesia. Estos jóvenes vuelven a casa sabiendo que han asistido a un acto histórico que defiende unos principios y valores que han
cambiado al hombre  desde hace 2000 años.

La agenda del pontífice no olvidó a la juventud preparada y sin trabajo  ni a los fallecidos hace ahora 3 años en el accidente aéreo de Barajas ni a los discapacitados. “Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren”–dijo en la Fundación San José de Carabanchel- “es una sociedad cruel e inhumana”.

¿Alguien puede explicar la conectividad entre una juventud multicultural y un ilustre teólogo de 84 años? Sí. A todos les mueve la misma esperanza. Creen en la misma persona, en Jesús; poseen el don de la fe y no tienen miedo en proclamar su religión. Todo un privilegio. ¡Nos veamos en Rio´2013! Ojala.