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la segunda enmienda/antonio regalado

EL 27 DE JULIO DE  1992
el Senado aprobaba la primera enmienda a la Constitución Española (CE); consistió en añadir, en el artículo
13.2, la expresión “y pasivo” referida al ejercicio del derecho de
sufragio de los extranjeros en elecciones municipales. Era una consecuencia
obligada tras la firma del Tratado de Maastricht.

El  pasado día 7, en apenas tres horas y media, tras
el fracaso en la calle  de indignados y
sindicatos, dejó listo hacia el BOE –no parece que haya 26 firmas de senadores
para provocar un referéndum- la nueva reforma para limitar de ahora en
adelante,  a través del artículo 135,  el déficit público; es decir, consagrar el
equilibrio presupuestario.  También esta exigencia
venía impuesta por la Unión Europea. Afortunadamente.

Se formaron los
mismos bloques: PP, PSOE y UPN (233)  votaron a favor; CC (2) y Foro Asturias en
contra. (Cascos se ha estrenado en la radicalidad). Los nacionalistas
cobardemente no votaron y ERC y BNG se ausentaron.

La segunda enmienda
se ha consumado con la ausencia de Zapatero. Hubiera sido un bonito gesto para cerrar su mandato,
aunque en la Cámara Alta tenga voz pero no voto. No vamos a perder un segundo
hablando del victimismo de nacionalistas y separatistas. El consenso de la
inmensa mayoría (91% en el Congreso, 89 % el Senado) ahogó su oportunismo egoísta.
Lo importante son los argumentos socialistas (Carmela Silva) y populares (Pío
García-Escudero). Casi calcados. El de García-Escudero con una dimensión social
que justifica la urgencia de la medida: “Sin rigor presupuestario, sin equilibrio
fiscal” –dijo el próximo presidente de la antigua Cámara de Próceres- “no hay
Estado de Bienestar que se  sostenga”. Y
añadió: “la reforma busca reforzar los límites constitucionales al mal gobierno
y a la mala gestión de las cuentas públicas”. Una norma que afecta a todas las
administraciones públicas y que impedirá incurrir en déficit a los gobernantes
manirrotos. En Castilla-La Mancha, la segunda enmienda ya entró en vigor
intempestivamente. Porque las arcas estaban vacías.

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la segunda enmienda/antonio regalado

EL 27  DE JULIO DE 1992
el Senado aprobaba la primera enmienda a la Constitución Española (CE); consistió en añadir, en el artículo
13.2, la expresión “y pasivo” referida al ejercicio del derecho de
sufragio de los extranjeros en elecciones municipales. Era una consecuencia
obligada tras la firma del Tratado de Maastricht.

El  pasado día 7, en apenas tres horas y media, tras
el fracaso en la calle  de indignados y
sindicatos, dejó listo hacia el BOE –no parece que haya 26 firmas de senadores
para provocar un referéndum- la nueva reforma para limitar de ahora en
adelante,  a través del artículo 135,  el déficit público; es decir, consagrar el
equilibrio presupuestario.  También esta exigencia
venía impuesta por la Unión Europea. Afortunadamente.

Se formaron los
mismos bloques: PP, PSOE y UPN (233)  votaron a favor; CC (2) y Foro Asturias en
contra. (Cascos se ha estrenado en la radicalidad). Los nacionalistas
cobardemente no votaron y ERC y BNG se ausentaron.

La segunda enmienda
se ha consumado con la ausencia de Zapatero. Hubiera sido un bonito gesto
aunque en la Cámara Alta tenga voz pero no voto. No vamos a perder un segundo
hablando del victimismo de nacionalistas y separatistas. El consenso de la
inmensa mayoría (91% en el Congreso, 89 % el Senado) ahogó su oportunismo egoísta.
Lo importante son los argumentos socialistas (Carmela Silva) y populares (Pío
García-Escudero). Casi calcados. El de García-Escudero con una dimensión social
que justifica la urgencia de la medida: “Sin rigor presupuestario, sin equilibrio
fiscal” –dijo el próximo presidente de la antigua Cámara de Próceres- “no hay
Estado de Bienestar que se  sostenga”. Y
añadió: “la reforma busca reforzar los límites constitucionales al mal gobierno
y a la mala gestión de las cuentas públicas”. Una norma que afecta a todas las
administraciones públicas y que impedirá incurrir en déficit a los gobernantes
manirrotos. En Castilla-La Mancha, la segunda enmienda ya entró en vigor
intempestivamente. Porque las arcas estaban vacías.