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la educación trinitaria en nuestras vidas/ antonio regalado

IV ENCUENTRO DE ANTIGUOS ALUMNOS TRINITARIOS

Santuario de la Cabeza 16-18 de septiembre de 2011

“SEGUIMOS HACIENDO CAMINO”

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“La
educación trinitaria en nuestras vidas”

                                         Por
Antonio REGALADO*

Retrotraigámonos
todos tan solo  51 años.  O menos: 40 años atrás.  La España del 600 y de la emigración…   Quienes vivíamos en el mundo rural teníamos tres
caminos: marcharnos a Madrid o  al norte
(Asturias, Bilbao y Barcelona);  emigrar
a Francia, Alemania y Suiza  o acceder a los colegios religiosos que “reclutaban” vocaciones pueblo a pueblo.  Nosotros elegimos esta tercerea opción.

Mi historia no es diferente de la vuestra. Cuando el
Padre Antonio  apareció en la escuela
de  Aldehuela a lomos de una moto – una  Roa, creo recordar-, vi los cielos abiertos de par en par. Se llevó en la primera
visita a José Mari Montes y a Agustín Tello; y al año siguiente (el
curso 60-61) les acompañamos Paco San Teodoro y yo.

Justo hace ahora un año recordábamos en la estación de
Alcázar de San Juan aquella llegada al Seminario en la mitad de la noche.  Un viaje infinito y para muchos, el primero:
Salamanca-Avila-Madrid; Madrid-Alcázar, con parada en Villacañas.

¡Villacañas  3
minutos!, gritaban el revisor y el factor de la estación toledana. Diez horas de
viaje nos cambiaron todos los paisajes para siempre. La llanura manchega era
nuestro nuevo mundo.

Llegada al seminario. Dormitorio colectivo e
interminable; los veteranos nos ayudaron a hacer la cama con las sábanas
marcadas en casa  —mi número era el 7–
y a dormir con mil nuevas emociones a
cuestas.

Desterrar
el aburrimiento

A las siete… ¡Arriba!
Y a partir de aquí,  -entro en
materia directamente-  comienza la
educación. Si recordáis, no había ni un solo minuto para el aburrimiento.

Aseo,

capilla,

desayuno,

estudio,

clases,

recreo,

almuerzo,  (con
lecturas piadosas)

más recreo,

clases,

estudios,

santo rosario,

cena

más estudio…

Y a dormir.

24 HORAS DE PLENA ACTIVIDAD.SIN PERDER UN SEGUNDO.

Como podéis comprobar, queridos amigos, toda una
disciplina (cuasi militar, si me
permitís la expresión) para no crear espacios de duda y holgazanería.  Esta es la primera conclusión:

LA EDUCACIÓN TRINITARIA NOS ENSEÑÓ A NO PERDER EL TIEMPO.
La vida  nos ratificó después  que no hay mayor delito que el de perder el
tiempo porque cada uno es el esfuerzo que realiza entre los 12 y los 25 años. Aquel
era nuestro tiempo, nuestra oportunidad.

La convivencia diaria forjó en nosotros una impronta de
SOLIDARIDAD Y COMPAÑERISMO que nos ha servido durante medio siglo y, siendo
optimistas, nos durará otro medio siglo. Por tanto, SOLIDARIDAD, AMISTAD,
AYUDA, COMPAÑERISMO… son VALORES que allí se nos inculcaron a base de trabajar
sobre un calendario siempre completo, de lunes a domingo.

Me viene a le mente, una charla de los primeros de días
en los que se nos advirtió claramente que TENIAMOS UNA BECA DEL P.I.O, (Principio
de Igualdad de Oportunidades) del Ministerio de Educación  y que con lo que pagaban nuestros padres (CIEN
PESETAS/mes) NO era suficiente para cubrir los gastos. Y que de no aprobar, no
se abonaba la beca… y por tanto, había que volver a casa…

Estudiar,
jugar, rezar

Bueno, esta disyuntiva, me decidió –imagino que al igual
que a vosotros- a ESTUDIAR, ESTUDIAR Y ESTUDIAR.  Pensar que tuviera que volver a casa,  con las orejas “aguchás”, como dicen en mi pueblo, no entraba en mis esquemas
mentales.

ESTUDIAR TODOS LOS DIAS.
LA PERSEVERANCIA, EN SUMA.

HE AHÍ EL SECRETO. IR A TODAS LAS CLASES…

El ambiente de formación académica corría paralelo al
religioso.

Todo lo recuerdo con una naturalidad asombrosa. ¿Hacer
huelga?

Esa palabra no estaba en nuestro diccionario.  Creo que el conato de huelga se produciría dos
lustros después… en tiempos  (más jóvenes) de Santiago y de Cirilo.

ESTUDIAR, JUGAR, REZAR… era el triángulo  ideal para aprobar mejor el curso.

La competitividad por sacar las mejores notas  –gracias a los sellos “Las virutas” que nos
entregaba  el Padre Reyes,- se hacía más
llevadera. Los sellos del Vaticano eran el regalo estrella.

Marcial Álvarez,
Mario Andrés Alejo eran siempre mis máximos competidores…  (y, sin embargo amigos). Era una
competitividad sana que duró hasta el Santuario. La amistad se ha prolongado
hasta hoy.

El
deporte  y cine

 

EL FUTBOL Y EL BALONCESTO – sin olvidar el frontón- eran
nuestra pasión.  Jugar los jueves en el
campo del Alcázar era un privilegio. Y ver ganar a la Balmes los domingos a las
12, un justo premio a una semana plena tras haber cumplido con el deber.
Marcelo, Gregorio y Marcial eran los futbolistas más prometedores  con  el
P. Juan María dirigiendo el ataque.  En
Alcázar vimos al Plus Ultra (después Real Madrid B) del que recordamos un
nombre que luego fue muy famoso: Groso.

Y en Baloncesto, cómo no recordar a Díaz Miguel,
entrenador de la selección y los hermanos
Paniagua.

Me cupo el honor de hacerle una entrevista a Vicente
Paniagua cuando comenzaba en él comenzaba en el Real Madrid y yo en Nuevo Diario.

Con Díaz Miguel
también mantuve una cordial amistad años después.  El palmarés deportivo y humano de ambos es
excelente.  Del entrenador de la
selección nacional recordamos la plata en los JJOO de Los Ángeles. De hecho él
fue el pionero del baloncesto en España.
Y nosotros lo tuvimos más cerca que nadie.

El palmarés del alero alcalaíno en el Real Madrid,  resulta asombroso.  Vicente Paniagua ganó:

– 10 Ligas (desde
la 67/68 a la 76/77)

– 7 Copas del entonces Generalísimo (de la 69/70 a la
74/75 y la 76/77)

– 3 Copas de Europa de Clubes (67/68, 69/70 y 73/74)

– 1 Campeonato del
Mundo de Clubes. Argentina 1972

– Me he detenido
en Vicente porque como me ha dicho muchas veces, siempre se ha sentido un trinitario más. Y eso es motivo de orgullo
para todos lo que le conocimos siendo un joven espigado y larguirucho.

No olvido el FRONTON donde leoneses y zamoranos eran los mejores,
justo es reconocerlo, ni el FUTBOLIN donde Marcial (y servidor, modestia
aparte) éramos una pareja sólida;  tan
era así que cuando fuimos al Santuario tuvieron que cambiar las reglas (sólo se
podían jugar 2 partidas seguidas) porque nos eternizábamos durante semanas sin
perder… Jugando al futbolín nos sorprendió el magnicidio de Dallas. Serían como
las ocho de la noche.  Llegó el rector,  tocó las palmas y dijo exactamente:  ”Vamos a
la capilla a rezar  que acaban de
asesinar al presidente Kennedy”.

No era menor nuestra afición al cine. Aún permanece en mi
retina, como si fuera ayer mismo, la impresión que nos causaron películas como “La ley de silencio” de Elia Kazan con
Marlon Brando o “Cerca de la ciudad”, de Luis Lucia con Adolfo
Marsillach, por poner dos ejemplos.

A muchos, aquellas películas que nos ponía el P. Antonio
nos despertaron  años más tarde una
verdadera pasión por el séptimo arte que llega hasta el último estreno de Woody
Allen, con “Midnight  in París”,
disfrutada hace tan solo tres semanas… Una pasión que han heredado los hijos.

En resumen,
DEPORTE Y CINE. También los descubrimos en los trinitarios.

Ora
et labora

No sé si alguna vez os habéis preguntado  ¿qué hubiera sido de nosotros de no haber
venido al seminario en Alcázar? La respuesta no puede tener contestación… Pero
lo más seguro es que hubiera sido muy diferente. Y me temo que… no mejor.

¿Recordáis cuando nos despertábamos los domingos con los
discos de Gila que se hizo famoso años más tarde en la TVE con aquellos “skets” de la guerra? Nosotros los
escuchamos  por los altavoces de los
dormitorios y nos reímos con ese humor antes que nadie.

La música también era parte de la formación. Yo tuve  la suerte de ser seleccionado para tocar el
piano aunque debo  de reconocer  públicamente –con el permiso de don
Gundemaro, nombre visigodo por cierto-, que como ahora, solo lo “aporreo”. No
era lo mío.

Hemos hablado, queridos amigos de estudiar y de jugar…
Pero quedaba la tercera parte: REZAR.

Comenzábamos, si recordáis, la jornada con la Misa y
terminábamos  con la Oración. Luego, a
dormir… Mañana será otro día.  Contra lo
que pudiera parecer, no era excesivo el tiempo dedicado a la práctica religiosa
y a la religión como asignatura. Al fin y al cabo estábamos allí para ser
sacerdotes trinitarios…  Era un proceso
lógico y natural. Si me permitís, la otra forma de rezar era la lectura el
refectorio.  Me impresionaban las
lecturas de los jesuitas en Alaska. Nunca entendí  el porqué de aquellas lecturas escritas en
Anchorage.  O las historias vividas  a orillas del Rio Yukón. Ahora entiendo mejor
que lo importante no era comer en silencio sino también en potenciar la lectura
pública de los futuros predicadores.
Leer en público o hablar ante una concurrencia es una de las asignaturas
pendientes más importantes por aprobar en la enseñanza  pública y privada. Los alumnos tienen un
miedo increíble a hablar, a preguntar cuando hay mucha gente. Y este
inconveniente nosotros lo superábamos leyendo en el comedor, cantando en el
coro o elaborando discursos a la Virgen en el mes de las flores.

Un gran
legado

 

ESTUDIAR, JUGAR, REZAR…
Sin duda, el mejor legado cuando abandonamos el Santuario o el
seminario. Un legado Un legado que nos ha servido como eje central de nuestras
vidas.

No debería extenderme mucho pero quisiera precisar cómo
han influido esas enseñanzas en nuestra vida civil, en el siglo, como se decía
entonces.

–  La cultura y la
educación adquiridas en los PP Trinitarios nos sirvieron para afrontar mejor el
día después.

–  Aprendimos
tantas cosas que prácticamente el Bachillerato Superior, en el PREU y en la
Universidad fueron un paseo. Los que tuvimos que estudiar y trabajar al mismo
tiempo, sabíamos  muy bien a medir los
tiempos.  Y a seguir un principio básico  predicado y practicado en  los trinitarios:

PRIMERO LA OBLIGACION; LUEGO, LA DEVOCION. Es decir.
PRIMERO EL TRABAJO, LUEGO LA DIVERSION.

Después de haber pasado por los trinitarios, -y lo
trinitario por nuestras vidas- todo ha sido más fácil porque los principios  sembrados dieron sus frutos.

HONRADEZ,

SENCILLEZ,

HONESTIDAD,

ETICA,

AUSTERIDAD,

ESFUERZO, TRNSIGENCIA,

RADICALIDAD EN LA DEFENSA DE LOS DERECHOS DE LOS MÁS
DÉBILES.

RADICALIDAD EN LA DEFENSA DE LA VIDA, DE LA IGLESIA, DE
LA FAMILIA, DE LA LEY.

RADICALIDAD EN EL RECHAZO A LAS DROGAS.

EQUILIBRIO ENTRE DERECHOS y DEBERES.

PERDIMOS, DE UNA VEZ Y PARA SIEMPE, EL MIEDO AL MIEDO.

HAN SIDO, amigos y compañeros,  VALORES QUE HEMOS DESARROLADO DESPUES EN EL
AMBITO LABORAL Y SOCIAL QUE HAN CONFORMADO NUESTRA EXISTENCIA DURANTE CINCO
LARGAS DÉCADAS.

Muchos de nosotros celebramos que nunca se hablara de
política en las clases; sin duda era el punto más débil para aprobar las
reválidas en el Instituto por no haber dado Formación del Espíritu
Nacional  ni haber cantado “Montañas
Nevadas”.  Ello  ha posibilitado que muchos de nosotros militáramos
en democracia en el extremo-centro y el liberalismo no salvaje  lejos de los dogmas de la izquierda y la
derecha.

El tránsito por los trinitarios, el bagaje cultural y
humano nos han permitido ser mejores profesionales,  ciudadanos ejemplares y  mejores personas. No es poca riqueza.

EL BALANCE, PUES, HA SIDO MUY POSITIVO, QUERIDOS AMIGOS.

Proyección
de futuro

La mayor parte de los alumnos hemos llegado hasta la
Universidad Estudiando y trabajando a la vez. Era un tiempo difícil; estudiamos
con beca y hemos podido dejar   a nuestros hijos una vereda más más fácil de
transitar para enfrentarse al porvenir.

Por  lo visto muchos
de vosotros os habéis dedicado a la enseñanza. No es mala vocación. Otros han
triunfado en la empresa. O en la abogacía. Aquellos estudios cimentaron
nuestras vidas.

Somos lo que somos
porque los principios cristianos y la educación recibida nos ha permitido
sortear las dificultades  con ilusión, mucho
mejor que a los que se quedaron en el camino. O en el pueblo.

Solo con cariño los buenos profesores (trinitarios)
marcaron a fuego lento en la piel y en el corazón una educación a la que hemos
sido fieles.

– Aprendimos, que la constancia era un pilar esencial;
que la humildad nos acompañaría siempre en los éxitos,  la grandeza en las derrotas;  comprendimos el valor de la libertad asumiendo
siempre la responsabilidad de las decisiones… todo, sin menoscabar los derechos
de los demás.

Aprendimos a fijarnos objetivos y a luchar para llegar a
la meta. Nos enseñaron más a subir montañas –al fin y al cabo la vida es una
Peña inmensa y un Everest permanente- que a bajar cuestas. También a pensar por
nosotros mismos…

Creo que todos aprendimos a saber diferenciar el bien y
el mal… Y a valorar los derechos y los deberes.

No hace falta decir desde la experiencia acumulada cómo
han aflorado los sentimientos con estos ENCUENTROS DE ANTIGUOS ALUMNOS en este
paraje tan singular como el Monte del Cabezo. Siempre he pensado que la Virgen
nos ha protegido desde que estuvimos aquí.

Volver
a casa

TERMINOYA: Hay dos momentos trascendentales en la vida de
un hombre; cuando deja la casa y cuando vuelve a ella. Para muchos de nosotros,
la primera salida de casa, fue al Seminario de Alcázar, una fecha que cambió
nuestras vidas; y sin duda, el regreso al Santuario (o al Seminario de Alcázar)
es como volver a casa. Un doble privilegio, queridos amigos, estar aquí y
compartir con vosotros estas ideas que en parte, creo sinceramente, son las
vuestras.

Decía San Agustín que un
hombre no es lo que sueña, sino lo que
ama”.
Y nosotros estamos aquí en parte porque amamos este lugar y porque el sueño de
volver a encontrarnos se ha cumplido nuevamente.

Y como enseñó San Pablo a los Corintios, “en el atardecer de la vida, nos examinarán del amor”.  De momento, progresamos adecuadamente.

Gracias a la Orden Trinitaria  porque, el desvelo de los PP. Trinitarios (nuestros
maestros),  su trabajo, sus consejos y
sus principios germinaron en nosotros haciéndonos mejores personas. Y
posibilitando transmitir esos valores a nuestros hijos y a los hijos de
nuestros hijos… El espíritu trinitario, sigue ahí vivo, como en aquella noche
bochornosa  de septiembre cuando llegamos
a la estación de Alcázar desde Madrid, tras arribar a la estación del Norte
–vía Ávila- desde Salamanca. El único grafiti  escrito en las rocas graníticas abulenses
era éste. “Caramelos Paco”.  Aún puede leerse.

Alcázar de San Juan vendimiaba y sus calles  olían a vino por todos los poros. Y en todas
direcciones. Fue aquella del 60  una
excelente cosecha debido a la sequía.

Aún no se había inventado la maleta con
ruedas… El trayecto hasta el Seminario me pareció entonces infinito. Después lo
he recorrido varias veces y se me ha hecho corto.  Demasiado corto.

Hoy, casi un milenio
después,  aquí, en la mitad del cielo,
seguimos respirando el mismo aire trinitario en esta sierra agreste que es todo
un símbolo para “seguir haciendo camino…”. Juntos, podemos.

O, como
se dice en la era de las redes sociales y la tecnología digital: “Seguimos
conectados”. Gracias a todos por todo.

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*Antonio REGALADO fue
alumno trinitario en los curos 1960-64 –