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hombre bueno y trinitario ejemplar/ marcial alvarez

IV ENCUENTRO DE ANTIGUOS ALUMNOS TRINITARIOS.

Santuario Virgen de la Cabeza   16-18 de septiembre de 2011

 

 

 

Hombre
bueno y Trinitario ejemplar

 

Por Marcial Álvarez*

Dice el refránque de bien nacidos es ser agradecidos.

Los  antiguos alumnos aquí reunidos queremos dar las gracias a los trinitarios y seglares que, desde diferentes puestos y cargos, contribuyeron a nuestra
formación en el seminario. Regalado, con su verbo fácil, acaba de decirnos lo mucho que a estas personas les debemos.

Los organizadores han querido que sea el P. Antonio el que reciba el homenaje de reconocimiento y gratitud representando a todos los implicados. Como mi
promoción coincidió con el P. Antonio los tres cursos de Alcázar, me invitan a decir unas palabras. Yo quiero ser objetivo y breve. No sé si lo conseguiré.
Los que me conocen saben que el P. Antonio es una de mis debilidades.

Empezaré por daros mi definición favorita del P. Antonio: Hombre bueno y Trinitario ejemplar.

Y sigo adelante recordando algunas de las muchas cosas que el P. Antonio hacía por nosotros:

Ya nos ha dicho  Regalado que con una “Roa” andaba por los pueblos reclutando seminaristas y que se encargaba de todo lo
relacionado con el cine.

Cómo profesor de latín (asignatura entonces muy importante) era competente y ameno. Con frecuencia recurría a dichos y chascarrillos didácticos. ¿Quién no recuerda lo de perriquis miquis…?

Si nos dolían las muelas o la cabeza, si nos encontrábamos griposos, al P. Antonio acudíamos para que nos diera una pastilla y/o nos pusiera el termómetro.

Cuando salíamos de paseo o a jugar al fútbol a los campos del Alcázar, normalmente nos acompañaban varios Trinitarios. El P. Antonio nunca faltaba y, si era tarde de domingo, no se olvidaba del transistor para que los buenos aficionados escucháramos Carrusel Deportivo”.

 Cada noche, mientras nos acostábamos, el P. Antonio paseaba por el pasillo con el rosario entre las manos. Sólo cuando se hacia la clama total, se retiraba a
descansar. Pero no nos abandonaba. Su celda estaba allí, en el ángulo que formaban los dos dormitorios, cerquita de nosotros por si algo nos pasaba.

También cada mañana, puntualmente, nos despertaban unas palmadas que no podían ser de ningún otro que no fuera el P. Antonio. Después de este repaso creo que no exageramos lo más mínimo si decimos que el P. ntonio se pasaba el día y la noche pendiente de nosotros. Estaba en todos los frentes.

Para erminar, me he tomado el atrevimiento de poner nota a la labor del P. Antonio. A ver si estáis de acuerdo conmigo. Por
lo mucho que trabajó, bien se merece un Sobresaliente; sin embargo, teniendo en cuenta que realizó su trabajo de modo ejemplar: con sencillez, con humildad,  con eficacia y, sobre todo, con mucho cariño, vamos a ponerle Matrícula de Honor.
¿Estáis de acuerdo?   Pues
concedida

Muchas gracias, P. Antonio y muchas gracias a las personas que hoy representa.

*Marcial Aklvarz fue alumno trinitario de 1960 a 1964