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Revolución conservadora/antonio regalado

Emiliano García-Page es el nuevo líder de los socialistas regionales, un partido en el que hace mucho frío y por eso, según Alfredo Pérez Rubalcaba, hay que “calentar la calle”. Paralelamente, cada Consejo de Ministros nos sorprende con decisiones políticas, sociales y económicas que, como muy han confesado Bono y Borrel, deberían haber tomado los izquierda. Como muestra, dos botones: la bajada de sueldo a los banqueros (el PSOE los indulta) y a los directivos de las empresas públicas. Tras la subida del IRPF, Gallardón pretende resucitar a Montesquieu; el ministro Wert quiere otorgar las becas con el baremo más objetivo, el del expediente académico y el responsable de Industria, José Manuel Soria ha puesto en marcha el ATC en Villar de Cañas al dejarle completado el dossier su antecesor en el cargo, Miguel Sebastián. Garoña se libra del desmantelamiento zapateril hasta 2019.

Mariano Rajoy dejó claro en Sevilla que su política se inspiraba en Bergson: pensar como hombres de acción; actuar como hombres de pensamiento. Todo tiene lógica: solucionar los problemas de la gente que no tiene trabajo y de los empresarios sin acceso al crédito. La estrategia es simple, sacarnos de la crisis cuanto antes. La reforma laboral es la piedra angular de esta revolución conservadora para mantener la estabilidad.Tiene razón Rubalcaba: las soluciones populares no obedecen a la improvisación. Por fortuna. Demasiado improvisaron él y Zapatero con el resultado de todos conocido. Ya sufrimos siete años de ocurrencias. Todavía seguimos con la resaca. Ahora toca que los proveedores cobren las facturas sin pagar por las administraciones públicas, unos 30.000 millones entre CCAA y ayuntamientos. Gracias a esta decisión del ministro Montoro muchas pymes pueden todavía salvarse. Como ha asegurado Leandro Esteban, empezamos a ver el final del túnel. Y, para colmo, De Guindos obtiene el plácet parlamentario para obligar a los bancos a que acepten la dacción en pago para los desheredados de la fortuna. Son medidas revolucionarias conservadoras.

Mientras la respuesta del secretario general de PSOE es salir a la calle, apoyando las manifestaciones antisistema como las de Valencia, Rajoy anuncia desde Asturias que la reconquista -las reformas- continuarán. El PSOE se ha puesto a la cabeza de este frente popular del siglo XXI (con IU, ERC, Amaiur, UGT, CCOO y el 15M) para recuperar en la calle lo que perdieron en las urnas el 20N. ¿Vuelta a 1933? La radicalidad del nuevo PSOE confirma que solo cree en la democracia mientras ostenta el 50 % más 1 de los votos, sólo o en compañía de otros. Bien sabemos que las pancartas, el alboroto y la violencia no crearán ni un solo puesto de trabajo.