Sin categoría

Liquidación por desesperación/antonio regalado

ANTES, EN EL FINAL DE SIGLO Y DE MILENIO,  hubiera pasado a ser “liquidación por derribo”. O más comprensiblemente, “cerrado por defunción”. La muerte por estrangulamiento del ladrillo nos lleva directamente a la desesperación. El anuncio está expuesto  en una tienda de ropa, en una avenida transitada de una ciudad castellana, anunciando una larga agonía. El verano viene cargado con carteles de “cerrado por jubilación, alquilo o vendo”. Estas rebajas van a durar un año entero e interminable. Estamos al borde de la nada. 
Carmen, la propietaria me explica: “Estamos en al ruina; ampliamos el negocio hace tres años. Mi marido y yo llevamos casi 20 años en el comercio. Somos buenos profesionales así es que decidimos vender una antigua tienda y trasladamos más al centro de la ciudad. Resultado: adiós ahorro, crédito e inversión. Con las ventas no podemos pagar ni los gastos porque nadie compra ni a precios de fábrica.” En el interior, Carmen ofrece a los visitantes una fotocopia explicando las razones y da las “Gracias” a toda la élite de los poderosos” por dejarnos” -termina- “sentirnos más libres al quedarnos ¡en bolas!”.
En un decálogo inédito desgrana que su situación es causa, principalmente, del gobierno por aumentar los impuestos y recortar los derechos de los ciudadanos, por inyectar dinero público en los bancos y por olvidarse de las pymes y de los autónomos; arremete contra los políticos  por sus elevados sueldos, dietas y privilegios; no olvida la corrupción ni a los ex dirigentes por sus altas pensiones vitalicias. Da las “gracias” también a la CEOE por destruir empleo y a los sindicatos por no hacer nada. Y se duele de los ciudadanos “por confirmarse con todo”. Un alegato en toda regla para advertirnos de que lo peor está por llegar. Carmen es una mujer valiente. Saldrá adelante porque sabe que mientras se lucha no se fracasa. Otras mujeres marcaron el camino: Ángela Merkel, Esperanza Aguirre, M.Dolores de Cospedal y, desde la oposición, Rosa Díez.