Sin categoría

el ocho mil / antonio regalado

TODA MI EXPERIENCIA  montañera se basa en haber recorrido los Siete Picos de Navacerrada y en una subida a la Bola de Mundo (2.257 metros) con la luna llena de junio para divisar desde las puertas del cielo la noche estrellada de Madrid y Segovia. Los que somos de secano las alturas y los mares no son nuestro medio natural.  Cuando hemos conocido el deporte sagrado – *la droga dura” de Luis Bárcenas”,  el ex tesorero del PP, -su pasión por las cumbres-,  comprendemos que  divisa el mundo desde los 8000. Y desde esa altura, todos somos pequeños, insignificantes, enanos, imbéciles.  Como senador no le recuerdo iniciativa alguna ni oral ni escrita. En cambio, su amigo del alma, Luis Fraga -sobrino de don Manuel- era un viajero impenitente en especial  mientras perteneció a la comisión de Asuntos Iberoamericanos.

Los “papeles (fotocopiados) de Bárcenas” son una coartada para desviar el horizonte penitenciario después de que hayan descubierto  dos cuentas y muchos millones ocultos al fisco. Todo parece un montaje para golpear al PP y a Mariano Rajoy que, como siempre, han pecado de pardillos y de no saber reaccionar en los momentos de crisis. La transmisión televisiva (sin preguntas) es propia de otros tiempos. Y un error de comunicación. No nos importa que se confiese ante su cúpula directiva sino lo que diga al pueblo a través de la prensa. Ese error explica la persecución de la prensa hasta Alemania, para terminar diciendo que “todo era mentira, excepto algunas cosillas que son verdad…”

Ya sabemos que Rajoy no cree en la prensa. Ni en la opinión pública. Se demostró cuando tampoco dio la cara tras la congelación de las pensiones. Luego se quejará de que los ciudadanos no comprenden su gestión. Y algo peor, “que no le quieran”. ¡Coño, don Mariano, ejerza su liderazgo de una vez!

Cuando ciudadanos tan poco honorables como  Bárcenas o Mas le echan un pulso al Estado, el gobierno tiene que dejar claro desde el primer minuto que lo van a perder. No queremos esperar hasta desesperar. Su prudencia siempre le hace llegar tarde Y en estos tiempos difíciles queremos respuestas. Ya vivismos demasiado tiempo en la incertidumbre con Zapatero.

En el caso que nos ocupa del ciudadano Bárcenas  se trata de un burdo chantaje orquestado  para obligar al Ejecutivo a buscar una salida “indigna” a  su trayectoria judicial. La contabilidad no puede llevarse en hojas sueltas ni siquiera la contabilidad en B porque el Excel de Microsoft se inventó precisamente para que las cuentas ajusten olvidándose del boli y de los manguitos.

La verdad es que estudiando la firma y la letra de este sujeto  es impensable que haya llegado a ser el dueño y señor de todos los dineros del partido conservador. ¿Nadie advirtió en Génova, 13 que los rasgos de este escribiente eran los de una persona ególatra, soberbia, altanera y sin ningún principio ético? Por la letra los conoceréis. Caben pocas dudas de que este hombre “gerenciaba” las dádivas empresariales  y se quedaba con la mejor parte. ¿Tan sólo precisaba de su firma para sacar dinero? Parece lógico que este empleado infiel necesitara la colaboración de algunos compañeros de la administración popular. Cuesta creer que después de haber sido despedido por Hernández Mancha del partido, cual Mc Artur, dijera. “Volveré”. Y a fe que lo hizo por la “caja grande”.  Y luego, la gran visión de don Mariano para ascenderle tras el Congreso de su coronación en Valencia.

Estoy seguro que en cuando  la secretaria general María Dolores de Cospedal  llegó a la sede y se percató de sus métodos y andanzas, sentenció su final. Sorteado el escándalo  Gürtel a trancas y barrancas la Fiscalía, tras la comisión rogatoria a Suiza, le bajó precipitadamente de su Everest. Después de su paso por el juzgado, L.B. reniega de su letra, apoya sin fisuras las tesis de que no ha habido contabilidad en B ni dinero negro ni sobresueldos en el Partido Popular y ahora busca, desesperadamente, un respiro para que no le inunden las querellas personales como la de Ana Palacios que nunca cobró un céntimo aunque figuraba en su lista de víctimas. Porque el tema era más simple: salpicar a la cúpula y a los miembros del gobierno y quedarse con apunte que eran medias verdades o medias mentiras. Y nuestro contable en jefe afanaba la diferencia.

Las declaraciones de la Renta del presidente han dado un vuelco a la situación y confirman dos cosas: a) que en la oposición se gana más dinero y b) que Rajoy es un hombre honrado. Pero no es suficiente.  La iniciativa del PP de publicitar las cuentas de sus dirigentes en la Red obligará a todos los partidos políticos y cargos electos a poner sus Declaraciones a disposición de los ciudadanos. El PSOE y Rubalcaba, tras marear la perdiz con la dimisión del presidente, agarrándose únicamente a las fotocopias del diario prisaico, ahora quiere imponer un código de buena conducta que más bien parece un comisariado político para ocultar las finanzas de los partidos.

A mí me parece que este episodio puede servir para regenerar la vida política y llegar al fondo de la cuestión: cuánto  y en qué se gastan el dinero los partidos y, sobre todo, cómo llegan los fondos de las empresas corruptoras.

Tiene razón UPyD proponiendo un debate monográfico sobre la cuestión en el Congreso aunque, a decir verdad, no es difícil aventurar que la corrupción será el eje por el que discurra el próximo debate sobre el Estado de la Nación. En .vez de hablar del paro, escucharemos desgraciadamente, el “y tú más”.

Los partidos –salvo en periodos preelectorales- no pueden seguir gastando como empresas con ingresos infinitos. Si las campañas se circunscriben a los debates en medios públicos, se abaratarían considerablemente. Los poderes pasarían a los “grupos parlamentarios” y el partido se  disolvería como un azucarillo en aguardiente hasta la próxima campaña. La solución pasa, necesariamente, por la X en la casilla del IRPF junto a la de los Sindicatos, la Patronal y la Iglesia.

Llegados a este punto nos conformamos con que la señora vicepresidenta del Gobierno incluya en la ley de Transparencia la responsabilidad civil y penal  de partidos, sindicatos y Casa Real en sus asuntos domésticos. Es el momento de evitar que los Bárcenas de turno nos vean como a enanos e incompetentes desde la mísera altura de su desvergüenza.