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colgada del amor/antonio regalado (recuperada se Blogia 2006)

No ocupará nunca las portadas de los periódicos ni  abrirá los telediarios. Su caso, perdido en las páginas de sucesos, no movilizará a los progresistas de salón. Habrá que seguir golpeando sus conciencias para que no olviden la historia de Atefe Rayaba porque no es la primera ni será la última víctima del integrismo, esa dictadura religiosa que cercena los derechos humanos todos los días y a todas horas. Y que nos invade como una plaga mauritana.

La noticia fechada en Mazarán (Irán), llegaba en los estertores del estío. Mazarán es una ciudad que nació  a la vida al ponerse en marcha la presa de Shahid Rajaee y que, gracias al río Dodogangh, riega 52.000 hectáreas de terreno antes baldío. Un paraíso, que ahuyentó las inundaciones y la muerte, asentado al noreste de Teherán, junto al mar Caspio.

La construcción primero y el establecimiento después de una colonia de trabajadores de la central hidráulica permitió que Atefe, 16 años, una bella joven, -negros cabellos como la noche oscura del alma y ojos color miel- conociera al hijo del ingeniero de la obra. Cupido hizo el resto. La policía religiosa de los ayatolás, tras las denuncias de un vecino despechado,  no tardó en acechar a la pareja bajo los pinos resineros a punto de estallar. Aquella tarde, mucho antes de  que la luna abandonara su lecho, no acababa nunca. Un ligero viento del este mecía las hojas de los árboles. Los enamorados, con el fuego en el cuerpo, se fundieron en uno. Y en esa entrega, donde el mundo se torna plenitud, en ese instante mágico y único,  los vigilantes de la virtud los pillaron in fraganti.

El resto de la historia, para Atefe, es fácil de imaginar: detención por “actos contrarios a la castidad”, encarcelamiento  y juicio. A fe que juicio injusto. Atafe Rayaba tuvo que asumir su propia defensa porque el juez le negó el derecho a un abogado. Y el de oficio se excusó por enfermedad. Por cierto, el juez, que es además el fiscal del distrito, se la juró  cuando la asustadiza joven, en un momento de dignidad a lo Juana de Arco,  criticó la hipocresía moral del país y osó, como protesta,  quitarse la ropa ante el tribunal.  Rebelde con causa. Culpable. Entonces, el magistrado, montó en cólera, abandonó otros quehaceres  y se juramentó darle un escarmiento a ella y a sus conciudadanos tras firmar, sin que le temblara el pulso, su condena a muerte. En menos de tres meses obtuvo la ratificación del Tribunal Supremo y la firma de Mahamud Sarudi, presidente de la máxima instancia de administración de Justicia de la República Islámica. La familia no pudo invocar el derecho de gracia.

La sentencia se ejecutaba  días después en la calle del ferrocarril, en el centro de la ciudad de Mazandarán, lugar destinado a los espectáculos públicos.  El propio juez, cuyo nombre se omite,

-siempre se protege a los torturadores- se encargó de ajustar la soga al cuello de la joven Atefe y, alzando el brazo, dio la orden para elevar la grúa de la que colgó la joven que había cometido el pecado de enamorarse. Colgada del amor. Con el balanceo la sangre hirvió por un momento en sus venas. Añade la noticia que, consumada la ejecución en la plaza pública, el propio juez explicó a los familiares que había sido ahorcada por su descarada actitud  en la sala.

Atefe Rayaba fue enterrada esa misma tarde con una sonrisa giocondiana. En su mano derecha, de interminables y huesudos dedos los verdugos encontraron una carta, denunciando el sistema político y religioso; pedía perdón a sus padres y hermanos por la deshonra. Reiteraba en la misiva su amor por su Romeo: “He conocido la felicidad. Muero pensando en ti. No te olvidaré nunca.  Gracias, amor. Siempre tú. Siempre”.  Al otro lado de la noche, su tumba fue profanada y su cuerpo desapareció. Sin más. La familia –apestada socialmente por tener una hija que no llegaría ya  virgen al matrimonio- espera inútilmente explicaciones por esta salvajada. Todavía.

El joven con el que yació la joven ahorcada y cuyo nombre tampoco se refleja en la noticia –ni ella desvela en la última carta-, noticia, decíamos, llegada de las orillas del Mar Caspio, fue condenado a 100 latigazos y después quedó libre.

He aquí discriminación y violencia de género en estado puro. Y sin que ninguno de nuestros pancartistas de fin de semana   escriba un sms  de protesta o se manifieste ante la embajada de Irán.  Siempre es más fácil mirar hacia otro lado. Cuatro personas son ahorcadas públicamente en la antigua Persia cada semana –no se pierdan el detalle-  en presencia obligatoria  de sus familiares. Por lo de escarmentar. Es una marca que estigmatiza también a los deudos y amigos de por vida.

Ya el pasado año, la policía política de Arabia Saudita cerraba las puertas de un colegio en llamas impidiendo salir por la ventana a sus diecisiete ocupantes –diecisiete señoritas- porque previamente se habían despojado de su toca y se les veía la cara. ¡Ojo al delito!. Perecieron achicharradas ante la complacencia de los viandantes que apoyaron a los policías. Insólito y cruel. Así es el sistema islámico. Lo de la ablación es una broma comparado con la realidad de cada amanecer. ¿Cómo no recordar de nuevo la condena a  lapidación de Amina Lawal?

Cuando la religión se antepone a la razón y a la libertad nos topamos de golpe con la intransigencia y con los fantasmas del miedo y del pasado. El integrismo es el nazismo de nuestro tiempo. Así de simple. Los que hablan de lucha de civilizaciones   saben perfectamente que con los islamistas no se puede dialogar en igualdad de condiciones. Su religión es el odio y su odio la religión. Cuando no hay libertad, obvio es insistir, tampoco existe  democracia. Tanta crueldad no puede albergar esperanza ni futuro.¿Qué edificio se puede construir sobre las cenizas del asesinato de una joven  a sangre fría?  ¿Qué clase de religión permite  masacres legalizadas en el código Penal? ¿Dónde se oye la voz de Naciones Unidas? Elevemos una plegaria por el descanso eterno de la joven Atefe Rayaba, que se rebeló sola, tremendamente sola, contra el poder iraquí. Aprendamos la lección. Quedan aún miles  de Atefes iraníes luchando aún por pasear su amor por los hayedos y pinares. Mañana, quizás mañana, los jóvenes musulmanes podrán amar, además, en libertad. Su semilla florecerá, a lo mejor, en primavera.  Que los creyentes pregunten a Alá, el grande y el misericordioso, por qué permite tanta crueldad inmisericorde.   Y que nos lo expliquen a nosotros, los infieles. Y a los padres de Atefe.  No invocamos blasfemia si no la clemencia del Altísimo. Pero no habrá respuesta.  Tan sólo escucharemos el silencio de la soga  en las alturas de la grúa, asfixiando  el cuello de Atefe Rayabam, la joven tierna de ojos color miel, colgada del amor.

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el aguacero/antonioregalado (recuperado de Blogia 8 abril 2007)0

   Dos personas fallecidas en Zaragoza y Tarragona a causa de las intensas lluvias. Miles de hectáreas anegadas. Cosechas perdidas. Centenares de agricultores y ganaderos clamando ayudas para recomponer sus vidas y haciendas. Decenas de pueblos inundados en Navarra, Aragón y Cataluña. Protestas de los presidentes de Valencia y Murcia exigiendo al Ejecutivo igualdad y solidaridad.  Y a la ministra Narbona  tan sólo se le ocurre decir que el agua no se pierde al mar si no que sirve para recuperar los acuíferos.       Los efectos colaterales de la derogación del PHN los estamos pagando ya. Primero, se perdieron las subvenciones de Bruselas –dl orden de 700 millones de euros- al aplazarse las infraestructuras previstas; segundo,  se aprobó el Estatuto de Cataluña que deja en sus manos la posibilidad (imposibilidad) de los trasvases; tercero, se abrió una guerra del agua entre socialistas y populares frente a populares y socialistas de Aragón, Castilla-La Mancha y los de la vertiente mediterránea y, por último, se creó una falsa expectativa con las desaladoras  cuyo plan cuatrianual no podrá cumplirse ni en cuarenta años.   Las posiciones se han radicalizado con las reformas de los Estatutos de Autonomía donde el agua es protagonista principal y se agudizará  en las precampañas electorales a los comicios del 27 de mayo. Se han blindado los ríos y el egoísmo, no la esperanza. El PP acusa al PSOE de las inundaciones. Aseguran que  con el agua derramada podría haberse saciado la sed de las gentes y los campos de Levante para tres años. Quizás resulte exagerado. Pero  como metáfora no está mal. La realidad es que tres años después de haber tomado esas decisiones tan arriesgadas la situación hídrica no ha mejorado. Hablamos de igualdad.       

El padre Ebro –que da nombre a Iberia- ha desbordado, además, ambiciones y demagogias mientras millones de litros se han volcado para siempre en el Mediterráneo. Una desmesura de despropósitos.       El sentido común nos dice  que no es lógico –ni justo- que  el agua, que es vida,  no se pueda aprovechar hasta la última gota. ¿Qué lógica puede existir en que luego haya que recoger esa agua dulce  -salada al contacto con las olas-  y tratarla hasta hacerla potable? Lo más sensato seria embalsarla y embridar los excedentes  por el Vinalopó hasta el Júcar y el  Segura. La conservación y el sostenimiento  del delta en Tarragona, es perfectamente compatible con un trasvase racional hacia el sur. Y a eso se le llama solidaridad. El trasvase del Ebro necesita un debate abierto de expertos y afectados. Castilla-La Mancha se vería muy aliviada por la presión de nuestros vecinos del este.   

 Cierto que en España llueve de forma desigual pero la pluviometría no es insuficiente. Falta voluntad política para consensuar que el agua es de todos los españoles. También de murcianos, valencianos y almerienses. La experiencia nos enseña que ya nunca lloverá a gusto de todos. Sorprende que ningún grupo político haya modificado tras las inundaciones su posición dogmática en esta meteria.    Para que no reventara la presa de Mequinenza (Zaragoza) dejaba escapar millones de litros, tantos que los dos pantanos río debajo de Riva-roja y Flix (Tarragona) desaguaban 1800 metros cúbicos por segundo. Nuestro Nilo hispano derrochando vida por su aorta clara e insípida. El alcalde tarraconense de Miravet, la ciudad que tradicionalmente  más sufre las riadas criticaba a las compañías eléctricas por haber tardado demasiados días sin abrir compuertas. Debería hacernos reflexionar que el presidente del Gobierno no pueda entrar en Lorca por culpa de su política hidráulica. Seguimos peor que en tiempos de los romanos y de los árabes porque hoy no es políticamente correcto construir embalses. Y ahí estamos, siempre a merced de los aguaceros. Y de las nieves.     Ya que el acercamiento en temas antiterrorismo es de momento imposible ¿para cuando dos pactos esenciales y de sentido común entre el PSOE y el PP, uno por el agua y otro por la energía?

08/04/2007 01:38 antonio regalado #. sin tema

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Caperucita y la ley/valle hodalgo

 

                                          CAPERUCITA Y LA LEY
 
 
Por Valle Hidalgo*
 
Hace varios meses vengo padeciendo una situación en mi vida, que me tiene completamente destrozada. Hasta ahora, lo he sufrido casi en silencio, como nos han enseñado siempre a las mujeres a sufrir las cosas. Apenas se lo he dicho a l@s amig@s más cercan@s, que en mi caso, tengo la suerte de que me faltan dedos en la mano para contarl@s. Y tod@s ell@s se han quedado perplej@s.
Pero ayer fue el Día Internacional de la Mujer, fecha en que nos paramos a reflexionar sobre nuestra situación y nuestra historia. Y nos damos cuenta que ese silencio ha sido el mayor cómplice de nuestra discriminación. Y que la decisión de sacar a la luz los abusos, es el primer paso para erradicarlos. Así que tomo ejemplo.
 
Hace casi tres años, por circunstancias bastante comunes y reconocibles, por desgracia (1.- crisis económica, que ha afectado a mi trabajo de forma catastrófica y 2.- familiares, por tener que desplazarme a otra ciudad, para atender a mi padre en varias operaciones, postoperatorios y agravamientos de su enfermedad) me vi obligada a ceder en hospedaje varias habitaciones de mi casa, que con tanto esfuerzo y dinero había comprado y reformado pocos años antes, cuando el trabajo y el mercado inmobiliario iban viento en popa  
 
Se trata del uso compartido de un inmueble, donde yo sigo siendo usufructuaria de algunas habitaciones y zonas comunes. Y donde están mis libros, documentos, ropa,  muebles, utensilios de cocina, etc., etc., etc. además de ser legalmente la sede de mi productora audiovisual. Lo hice así, para poder condimentar las lentejas que comían mis hijos al salir del colegio, mientras dirigía el montaje de las producciones que me traía entre manos. Y para que ellos pudieran jugar bajo la mesa, donde estábamos reunidos para diseñar el próximo proyecto. Por aquello de conciliar la vida familiar con la laboral.
 
Pues bien, hace varios meses, quise volver a disfrutar de toda la casa y les pedí amablemente que se marcharan. No lo hicieron, pero si realizaron algunos cambios. Los más significativos: uno de ellos dejó de pagar… como si se hubiera ido, pero sin irse. Y otro, que a la sazón es agente de la ley, me amenazó con permanecer allí durante cinco años contra mi voluntad, amparándose en la lentitud de la misma. Y el más interesante: han cambiado la cerradura y me niegan la nueva llave.
 
Dice la opinión pública, que ahora los desaucios son muy rápidos. No lo sé, tal vez sea así cuando el propietario es el banco y los inquilinos una pobre familia con todos sus miembros en paro. Pero cuando la propietaria es una mujer con cargas familiares y unos gastos de vivienda (hipoteca, comunidad, IBI, seguro, suministros) muy por encima de sus posibilidades económicas actuales…, os cuento que llevo más de seis meses en el proceso de buscar asistencia jurídica y algún/a juez/a de guardia que entienda mi situación y me proporcione una orden judicial, para poder entrar en mi casa.
 
Resulta que según la ley, mi hijo y yo, tenemos que quedarnos en la calle esperando y pagando. Si cambio yo la cerradura para poder entrar, me dicen policías y jueces que es allanamiento de su morada. Y si cancelo el contrato de los suministros, es igualmente un delito penal. Así que esta es mi situación: en la calle, sin poder pasar a mi casa y a mi lugar de trabajo y teniendo que sacar dinero de no se sabe dónde, para pagar los gastos necesarios para que vivan cómodamente aquellos que me están coaccionando, amenazando y usando mi propiedad sin pagar por ello.
 
Como resultado, padezco una situación psicológica de indefensión, ansiedad y depresión, que me hace cada vez más difícil concentrarme en mi trabajo, mi familia o cualquier otro aspecto de mi vida. Y un hijo menor, que manifiesta la situación, en forma de fracaso escolar. Y yo ¿qué le digo a mi hijo? ¿estudia y trabaja? ¿sé una persona honrada? ¿actúa de acuerdo a la ley?
 
Me siento como aquella Caperucita Roja, a quien el Lobo, conocedor del bosque, le indicó el camino más largo diciendo que era el mejor para ella. Mientras él se daba tiempo para cumplir su objetivo de ejercer la violencia contra estas dos mujeres indefensas: niña y abuela.
 
*Valle Hidalgo es actriz