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vidas paralelas y ejemplares/ antonio regalado

Francisco Parra es el hombre que más trabaja de España. A sus 84 años ha cotizado a la Seguridad Social ininterrumpidamente durante 70 años. ¡Ojo al dato, 25.534 días! Y no piensa parar, leo en nuestro ABC de Sevilla. «Mientras pueda, no pienso dejar de trabajar», explica. “¿Qué hago yo por la calle sin nada que hacer?”.

Elena López tiene 32 años, albaceteña, es ingeniera industrial y acaba de recibir el I Premio Ejército del Aire-2013 en la categoría de «Investigación Aeroespacial Militar”. Se trata del proyecto Fin de Carrera titulado “Diseño de una instalación para la caracterización del comportamiento fluido dinámico de una tobera de empuje vectorial y de su estela”, presentado en la Universidad de Valencia. Para entendernos, aviones más manejables, con menor ruido y consumo, y mayor invisibilidad a los radares enemigos”.

El gaditano nació en 1930 e inició su vida laboral con 14 años en la pastelería “Los dos Pepes” de El Puerto de Santa María. Parra recuerda que cobraba 5 pesetas al día por 12 horas de trabajo. Allí aguantó tres años hasta que hizo su primer y único cambio de empresa: Bodegas Caballero donde entró como peón embotellador ganando 11 pesetas diarias. Ahora es administrativo. Y siempre, dado de alta en la Seguridad Social. Lealtad absoluta con su empresa.

La fascinación por los aviones le viene a Elena desde pequeña al haber nacido cerca de la base militar de los Llanos. En estos momentos ultima la carrera de ingeniería aeronáutica y compatibiliza estudios y trabajo en el Instituto Tecnológico de Óptica, Calor e Imagen, en La ciudad del Turia. Pese a su formación y ajustado salario, se considera una privilegiada por trabajar en lo que le gusta.Francisco se niega a jubilarse. “Ahora voy solo el 15% de una jornada laboral. Se me respeta y se me quiere”. ¿Hasta cuándo? “Hasta que el cuerpo aguante”. Elena cree que el Premio es una oportunidad. Dos vidas paralelas. Y ejemplares.

 

 

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cristianos perseguidos/antonio regalado

– Más de 200 millones de personas -150 millones de ellas  cristianos- son perseguidos en países musulmanes y comunistas por defender su fe.

El Senado aprobó recientemente una moción del Grupo Popular – junto a con CIU, Entesa y PNV–  por la que se propone al Gobierno impulsar medidas, con el consenso de la UE, para proteger a las minorías cristianas que son objeto de persecución específica y sistemática, así como al resto de minorías religiosas que sufren también persecución en países de Oriente Próximo, Asia o África. Más de 150 millones de católicos sufren persecución por predicar y practicar la doctrina de Jesús en las dictaduras islámicas y comunistas.  Justo en las  que  no rigen los  Derechos Humanos:  (entiéndase, China, Corea del Norte, Afganistán, Arabia Saudita, Nigeria o Yemen). El asesinato de cristianos maronitas en Egipto se ha acentuado con la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes.  Bien es cierto que el Islam es una religión de paz, sí; pero la falta de un líder religioso único, la intransigencia de algunos ayatolás, el radicalismo de los talibán llamando a la “guerra santa contra los infieles” -es decir, contra todos nosotros-  y la presencia de Al Qaeda y sus franquicias han creado un clima de terror que amenaza a todo Occidente.

Alejandro Muñoz-Alonso defendió la moción solicitando que “tanto la comunidad internacional como las instituciones públicas tomen conciencia y expresasen su repulsa ante las acciones violentas -incluidos ataques terroristas-, que sufren estas minorías”. Cabe recordar que solo Dinamarca y Noruega han levantado la voz contra los gobiernos árabes que no permiten levantar ninguna iglesia en sus territorios mientras financian y exigen la construcción de mezquitas donde imanes radicales incitan a la violencia contra nuestras democracias.

La iniciativa intenta restablecer la difícil igualdad entre seres humanos respetando su fe. En este mundo globalizado nada hay peor que la ceguera colectiva o el buenismo. Coincidimos plenamente con el senador madrileño  en que nos hallamos ante una sistemática aniquilación de esas minorías cristianas, que tiene todas las características de una limpieza étnica y que, a veces, encaja perfectamente en el concepto de genocidio.