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UN POLÍTICO HONRADO

POR ANTONIO REGALADO
La corrupción abre telediarios y las portadas de los periódicos. La confesión del ex Molt Honorable Pujol como el más veterano delincuente fiscal (35 años) de la democracia es el síntoma de una enfermedad que debe detenerse con urgencia: hay que limitar a dos los mandato de todos los cargos electos y acabar con la inmunidad.Pero no todos los políticos son iguales. De hecho lo son una inmensa minoría.

Hoy voy a hablarles de un político honrado que, además, dio la vida por España. Se trata de don José Canalejas, asesinado hace 102 años. Una vida ejemplar rescatada del olvido por el periodista, abogado, escritor y político Gabriel Elorriaga “No he venido al Poder para hacer regalos, sino para imponerme e imponer sacrificios a los míos. El que lo quiera así, que me siga”. Estas palabras condensan la trayectoria de un presidente del Gobierno de la Nación que solo aspiraba a serlo de todos en una de las épocas más convulsas de nuestra historia. ¿Qué decir de un hombre que tras su magnicidio el 12 de noviembre de 2012, el pueblo le lloró desconsoladamente y que dejó en la memoria colectiva esta frase de esperanza: “ha muerto un político honrado”? Canalejas había nacido en El Ferrol (La Coruña) en el 31 de julio de 1854. Se casó dos veces y dejó cuatro huérfanos. Fue el primer estadista que enlazó las orillas de los siglos XIX y XX.

Sobradamente preparado

El padre de Canalejas, ingeniero naval, gozaba de una posición desahogada y el retraimiento de su hijo propició que el joven se aplicase a los idiomas –con doce años tradujo del francés al español El Jóven Emigrado- y comenzó a escribir en los periódicos gallegos. Estudió Derecho y Filosofía y Letras. Se doctoró en esta última disciplina con los máximos honores y con apenas 20 años opositó a cátedra frente a don Marcelino Menéndez y Pelayo. Perdió, admitió que el contrincante estaba mejor preparado e inició con él una amistad basada en el respeto y la admiración mutuos. También trabó amistad con don Santiago Ramón y Cajal a quien alentó y avaló para que aceptara ser senador real, escaño que mantuvo entre 1908 y 1923. Sus compañeros de la cátedra de Principios Generales de Literatura se mofaban de Canalejas diciendo. “Para qué quiere una cátedra si terminará siendo ministro”. La enseñanza universitaria fue una de sus pasiones que compaginó con sus actividades profesionales. Trabajó en el proyecto de la línea férrea Madrid-Ciudad. Real. Aunque su filiación tiene raíces republicanas, el liberalismo –y en especial el liberalismo social- es su seña de identidad. Canalejas fue un político sin ataduras. Ocupará los ministerios de Fomento, Gracia y Justicia, Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas en gobiernos de don Práxedes Mateo Sagasta. Y presidió el Congreso de los Diputados.

El liberalismo social

José Canalejas había sido educado en una disciplina familiar estricta. Fue el primer político en entender que los derechos del trabajo debían encauzarse y pactarse entre obreros y patronos; que había que encauzar las huelgas salvajes en los ferrocarriles; que era el momento de una protección social para viudas y huérfanos, que había llegado la hora de exonerar a la mujer del trabajo nocturno. Por ello, diseño un Instituto para las Reformas sociales, embrión el futuro ministerio de Trabajo y del Instituto Nacional de Previsión que puso en marcha Eduardo Dato en 1921. ¿Y a quien le ofreció diez años antes la gestión de ese Instituto? Ni más ni menos que al diputado socialista Pablo Iglesias, paisano suyo que se negó a colaborar. Canalejas legisló sobre el contrato de aprendizaje, los tribunales industriales, la reducción de horario para los mineros, la ley de la Silla, que obligaba a las empresas a dar asiento a las mujeres, las oficinas de colocación, la seguridad e higiene en el trabajo, las cooperativas de cooperación y consumo (Cajas Rurales), tutela a la emigración, contratos de trabajo… Esbozó también una reforma agraria y afianzó los derechos de propiedad en el campo profundizando en lo que hoy llamaríamos la seguridad jurídica y el Estado de Derecho.

Un visionario europeísta

Le herida sangrante de la muerte de su primera esposa Marie Saint-Aubin le llevó a Cuba para comprender el problema de la imposibilidad de seguir manteniendo un imperio caduco.. Cuando comprobó en Estados Unidos y en la propia isla caribeña el potencial de los nuevos buques norteamericanos, escribió al ministro de la Guerra y al presidente Sagasta para que desistieran de seguir con aquella matanza. Sus informes cayeron en el olvido. Fue acusado de traidor. De su boca no salió ni una palabra desleal para con el gobierno progresista. Cuando accedió a la presidencia del Consejo de Ministros en 1910, acometió el problema marroquí. Canalejas, reformó el Ejercito, moduló los ascensos e implantó el servicio militar obligatorio. Sensible ante las aspiraciones regionales puso en marcha la ley de Mancomunidades (de especial trascendencia en Cataluña) y la de Cabildos para superar la singularidad insular de Canarias. Y algo que no puede pasar desapercibido: a pesar de la violencia callejera, Canalejas abogó por abolir la pena de muerte. Y eso lo preconizaba tras los atentados de Cánovas y de Maura.

Soberanía de Estado

Pero la gran aportación de José Canalejas a la estabilidad nacional fue su apuesta por la “soberanía del Estado” cuidando siempre que se reforzaran las instituciones, empezando por la Monarquía. La separación de la Iglesia y el Estado le valió duras críticas de sus adversarios políticos, que le llamaron masón y perro judío. Se limitó a proponer tolerancia para la libertad religiosa a la vez que auspiciaba el Congreso Eucarístico de Madrid. Quizás una de sus posiciones más firmes defendiendo la unidad de la Patria, la mantuvo frente los nacionalistas catalanes cuando aseguró en sede parlamentaria en un debate al respecto: “mientras yo ejerza influencia directa o pasiva en la política española no consentiré que el cuerpo docente deje de inculcar en sus alumnos el amor a España y quienes así no lo quieran no podrán ejercer la enseñanza oficial”. José Canalejas fue un sembrador que creyó en el europeísmo. Tenía la bondad y un alma de niño en el ámbito familiar y para sus relaciones políticas el espíritu de un Borgia. Pero jamás fue un Maquiavelo. Fue un presidente ejemplar, que por ser patriota le llamaban impaciente. Su democracia era la democracia de todas las clases. Ricos y pobres. El propio Canalejas era un hombre acomodado. Propuso hacer como propugnaba don Antonio Maura una revolución desde arriba. Canalejas lo tradujo en dos palabras; “hacer

Un libro necesario

Acierta Elorriaga a escribir una biografía muy bien documentada de un estadista español desconocido y explica el comportamiento ejemplar en su vida pública y privada; acierta a exponer unas ideas que hoy deberían ser debatidas porque muchas pueden ser aprovechables. Los partidos moderados españoles como el PP, UPyD, Ciudadanos o Vox tienen un referente donde anclarse. Su pensamiento está más vigente que nunca.
Acierta el escritor a ponerlo en las librerías al cumplirse cien años largos desde su muerte, un libro necesario para entender a un patriota que dio su vida por nuestras libertades y abrió caminos para solucionar problemas que, paradójicamente, un siglo largo después, siguen sin resolverse. Un referente de liberalismo social que sembró la semilla del Estado del Bienestar.

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