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recuperando la memoria/ guion de “en propia voz”para TVE CLM/arsenia tenorio 3.5.2000

En

Propia

Voz     ////       Arsenia Tenorio, pintoraPASIÓN POR CREAR

Por Antonio REGALADO RODRIGUEZ

“La pintura me ha hecho vivir ilusiones indescriptibles

y hasta morir de hastío… lo más importante -y lo que

nadie entiende- es que tú no eliges la pintura;

es ella la que te elige a tI.”.

Arsenia Tenorio, Pintora.

A los tres meses de edad, toda mi familia, nos trasladamos a Montijo, en la provincia de Badajoz. Allí aprendí a hablar y a aspirar la “h”. Y digo: “jacha”, y “jigo” y “jiguera…” acento que aún sigo arrastrando, enredado en mi lengua… Pero mi corazón es de Castilla…, es de La Mancha…, es… de  Toledo.

De pequeña –nos relata a la entrada del pueblo, justo donde la carretera gira hacia el centro del pueblo-,  pasaba grandes temporadas, aquí, en Retamoso de la Jara, Toledo, donde nací un 15 de agosto. De ahí,  mi nombre, Asunción. En estas calles, en estos “regueros” y riachuelos, con sus aromas del verano y primavera… yo era feliz.

Me gustaba y me gusta el lugar; en un valle rodeado de montes lleno de retamas, olivos… tierras áridas y pardas donde mi imaginación volaba y volaba día tras día, trascendiendo los cerros en busca de otros espacios más abiertos aún.

Me gustaba y me gustan sus gentes. Recuerdo, con devoción a mi tía Maria tan mayor siempre,  y siempre tan generosa y hospitalaria. Su chorizo casero,  hecho con sus propias manos sabe tan a la tierra que, tres décadas después no he podido olvidar ni el  olor ni el sabor inconfundible de su matanza, curada con fríos serranos y cariño; con mucho cariño artesano.

En Retamoso aprendí las primeras letras: en el colegio me gustaba el color, la luz, y … ¿y el dibujo?. Entonces no me decía nada esa palabra; no conocía nada con ese nombre.Sentía transformar lo que veía; perseguía sombras, miraba las hojas moverse con los vientos… Cada tiempo tenía -y tiene aún-, en este pequeño pueblo perdido, su propia luz, su reflejo propio y  su propio sueño…, Y yo,  yo estaba allí para  vivirlo en plenitud.

La pintura , lo afirmo ante la puerta de la que fue mi casa

de la infancia, en este viaje ex profeso para encontrar la

niñez-,  siempre ha sido, es y será algo bonito y perverso a

la vez,  que nació conmigo, y que conmigo morirá; algo que

tuve que descubrir sin saber qué nombre tenía. Ahora, sí

que lo sé: se llama creatividad.

Creer y crear. La unidad. El todo. La nada. El principio y el

fin. Los desiertos. Los océanos. El universo. Dios.

El hombre. El ser humano.

Cuando empecé a pintarrajear todo lo que se me ponía

delante, siempre  me regañaban: “No hagas cosas raras, y

no pintes tanto que te van a decir  de mote “pintamonas”…

-Y, a mí,  ¿qué me importa?- me decía.

Pintar es mi vida. Los lienzos son los hijos que nunca tuve;

los colores, las sonrisas que me han negado. Cada cara sin

rostro es una historia escrita contra el tiempo… gentes

anónimas, buenas gentes; la silenciosa mayoría, la

inmensa mayoría de la que habla Cernuda.

Seres humanos que pasan por la vida, sintiendo

ambiciones tan legítimas como perseguir un sueño…

imposible las más de las veces.

Siempre he querido a las personas mucho. Con todo mi corazón y con toda mi alma. A veces, en demasía… Quizás, porque he estado muy sola… Un artista es un ser solitario. Todo su mundo, se halla sobre un lienzo en blanco, al atardecer… Y ese miedo escénico  produce soledad… Una terrible e inmensa soledad…

Paradójicamente, cuando tomo los pinceles en mi mano siento poder. Es un poder real… mágico, incontrolado… un poder que te transporta hacia un lugar real también, que únicamente existe en tu imaginación. Es la “cumbre”… El mundo parece estar en tus manos… Y, al llegar a la cima… vuelves a estar sólo.

Pintar es un desafío, un desasosiego… una inquietud, una actitud cuasi mesiánica… Es arrancarte parte de ti mismo para volcarlo en un espacio vacío, limitado, recurrente, inmenso… Todas las contradicciones las vive el artista ante la obra inacabada. Y cuando se da por terminada, comienzan las dudas a recomer el  interior buscando otras soluciones alternativas de belleza, que siempre las descubres con el paso de las estaciones. Demasiado tarde; así es como se el desasosiego va minando el alma, tarde a tarde.

Luego, uno tiene que asimilar que siempre se pinta el mismo cuadro, como siempre se escribe la misma historia… Pintar o escribir es dar a luz, y, por tanto, parir con dolor, lo que uno lleva en las entrañas: las glorias y miserias de uno mismo. Cada obra es una confesión interminable.

El plástico, ese plástico blanco de las bolsas al aire… que tanto manipulo y tanto juego me da,  me obsesiona desde la pubertad. Son mujeres que esperan algún milagro en sus vidas diarias… milagro que, nunca sucede… Esperan en todas partes y a todas horas… que se llenen esas bolsas de sueños e ilusiones. Es una espera heroica e interminable.

Los verdes de mis cuadros, verdes fuertes, me sumergen en un mundo de fuerzas cotidianas, con trazos valientes intentando atrapar el aire en los despertares. Es una lucha contra nadie, incluso, es “otra” manera de vivir sin ataduras. Me identifico mucho con el verde.

Y el mundo del toro que tanto me impresiona se me antoja entre libidinoso y sensual. Se trata de una atracción fatal hacia la fiesta nacional que siempre me ha excitado.

Y la ternura ¿dónde encuentra una el instante único y último  para la ternura?. Intento arropar mis personajes de ternura, esa asignatura pendiente de nuestra generación.  Que lo consiga es otra cosa. Pero a fe que lo intento, desesperadamente.

Desde mi adolescencia, quería llegar hasta Bellas Artes.

Allí, – me decían-, te enseñaban a ser pintor y yo quería

pintar, sobre todo, pintar; más que ninguna otra cosa,

pintar.

Llegué a Madrid a casa de unos parientes pero en realidad aproveché para encontrar trabajo en el Hospital Clínico y preparar mi ingreso en Bellas Artes.

Comenzaba el día a las 6.30 de la mañana y regresaba exhausta a las 10,30 de la noche… La situación se hacía insostenible  así es que decidí simplificar mi vida: hospital, un hospital con niños. Y pintar soñando o, quizás, soñar pintando; tal vez morir… de amor a los colores…

Cada vez que paso por la Plaza de Cristo Rey, me hago la misma pregunta, una y mil veces:

-¿Qué hubiera sido de mí si yo no tomo la decisión de romper aquella cadena de la asistencia y nunca hubiera podido pintar?.

-No acierto a responderme. Aún hoy, después de miles de lunas llenas sobre los mares,  veo desdibujado en mi pasado el momento exacto en el que decidí solo trabajar para comer y dedicar el resto del tiempo a los pinceles.

-¿Qué impulso  interno determinó mi vida y en qué instante?. No debió ser fácil aquella decisión desdibujada pero bendita sea.

Descubrí entonces a Chagall, a Paul Klee, a Bacon, y a Naranjo; Y a Barjola, a Mondrián, a Gros y a Gris. Paralelamente, entró en mi vida  el teatro conceptual, el templo de El Prado y, cómo no, la genialidad  de Pablo  Picasso y de Salvador Dalí.

Conocí luego a Juana Mordó en unas circunstancias especiales; Juana sabía lo que era el arte, y a Gloria Fuertes, todo humanidad. También conocí al maestro Benjamín Palencia en las tertulias de Toisón y al escultor Juan de Ávalos. Vas de un artista a otro; vives y sientes cada forma, cada estilo… y disfrutas, y el alma se te abre en canal…

  1. mientras descubría la pintura en sus diferentes versiones, nacía ante mí la sociedad decadente del franquismo: se respiraba falta de libertades e injusticias. Y llega el amor primero y, a renglón seguido, los desengaños e incluso el  desamor. Tiempo de desencuentros interiores. I vas quedando así “marcada” para siempre…

Creí en todos los errores. Y, -lo que es peor-, permanezco en la mayor parte de ellos, todavía, porque la pasión obnubila los sentidos. Y pintar se ha convertido para mí casi en una enfermedad enamorada.

He recibido premios y honores en Arco (Madrid), Singapur,

Amsterdanm, Chicago… y  decepciones sonoras que me

acompañan, como sombras, para siempre.

La pintura me lo ha dado todo y casi todo me lo ha robado. No hay término medio  virtud en este oficio de “ajuntar colores, formas y sentimiento

Mis obras favoritas son Bodegones para Singapur, Vida de Isabel Mora, Exposición sobre El Quijote y Exposición sobre el plástico.

Mi dedicación al mundo del toro no fue casual: la atracción fatal –como apuntaba más arriba-, con el arte de Cúchares me viene de pequeña; me apasionaba el color de la Fiesta, el valor de los matadores, la sangre, la vida, la muerte… Aún me conmueve, incluso por fuera, la Monumental de la calle Alcalá.  Es una ceremonia de colores que he degustado temporada a temporada, principalmente en la plaza de las Ventas de Madrid. Un espectáculo de riesgo, de lucha, real como la vida misma.

Ahora, resido aquí, en Quero, en el corazón de la Mancha, al sur del sur de Madrid, en la mitad de la nada: viajo a la capital del Reino, con asiduidad, para  ver cómo y por dónde se mueve el mundo de los colores y de los pinceles y de los marchantes. Por no morir de hastío. Pero mi mundo está limitado entre las cuatro paredes de mi estudio amplio e interminable donde trabajo en libertad, sueño en libertad  e, incorregible de mí, me sigo equivocando en libertad.

Me quedan media docena de amigos –ninguno dedicado al arte y a la vanidad -, me sobran ya otoños, muchos de ellos  perdidos  y me falta tiempo  –el tiempo es el mayor dictador, en especial para las mujeres-, para  regalarme un descanso con despertares bajo las lunas. Solo, eso sí, para tomar carrera y seguir pintando porque para mí,  pintar es luchar y mientras se lucha, no se fracasa.

Perdonen las molestias, mis queridos lectores, por este monólogo interminable. Pongo aquí y ahora punto final a este autorretrato casi en blanco y negro, escrito en cuartillas como las de antes, con la pluma estilográfica y con la tinta de la sinceridad. Yo apenas se escribir, solo juntar colores y volúmenes que han encadenado toda una vida entera al caballete. He hecho lo que he querido. Soy lo que quise ser. Y me siento pintora, solo pintora.

Mi privilegio es que,  como explicaba al principio, yo no elegí la pintura; fue la pintura la que me eligió a mí.

En cuanto a mi firma… a todos debo una explicación. Y hoy quiero darla. Arsenia es el nombre de madre; además, de robarle el nombre le he robado su segundo apellido: Tenorio. Para mí era todo un personaje… era, -lo confieso-, mi personaje favorito… Asunción es sólo el recipiente… Gracias a todos los dioses  por haberme sido tan propicios.

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recuperando la memoria/antonio regalado 22.mayo.2004

AL FILO DE LO IMPOSIBLE

Por   Antonio Regalado

 

Justo a la hora en que la sonda espacial europea “Mars Express” confirmaba que hay agua en Marte, el Tribunal Supremo humillaba al  Constitucional multando a sus magistrados por negligencia. El hallazgo del líquido elemento puede paliar las tensiones del trasvase del Ebro al Mediterráneo y solucionar de paso el PHN, con permiso de los ecologistas, claro, pero el conflicto entre sus señorías va a acarrearnos más de un disgusto. Y  minará la credibilidad de la justicia más todavía.Diez de los once magistrados del Alto Tribunal con su presidente Manuel Jiménez de Parga a la cabeza,  –uno estaba enfermo- han sido sancionados con 500 euros cada uno por archivar, sin ni siquiera estudiarlo, un recurso de amparo relacionado con la designación de los letrados del Constitucional.  ¿Sabían ustedes que el TC admitió el año pasado únicamente 300 de los 7000 recursos de amparo que llegaron a su sede?

El abogado José Luis Mazón firmó la demanda, alegando que esas plazas deberían salir a concurso y no adjudicadas a dedo. Tras el archivo, apeló al Supremo, que en primera instancia rechazó el recurso pero la   Sala Primera de lo Civil acaba de darle la razón y por ello, ahora, condena al TC casi en pleno.

El enfrentamiento entre ambas instituciones daña la imagen de la justicia, esa justicia que los socialistas quieren que dé respuestas al ciudadano en dos años y los populares,  – Rajoy dixit -en tan sólo seis meses.

A las puertas del relevo en la presidencia del TC esta lucha fratricida puede derivar en una guerra que salpique al mal llamado Poder Judicial.  ¿Celos profesionales por los ascensos? ¿Venganza por litigios anteriores? No es la primera vez que  el PC y el TS se enmiendan la plana abiertamente: recordemos los casos de la prueba de paternidad, la exculpación de la cúpula de HB, la condena a “Diez Minutos” por las fotos de Alberto Cortina y Marta Chávarri o la indemnización de 25.000  pesetas a 10 millones  que el TC estableció por la intromisión en la intimidad de Isabel Preysler a la revista “Lecturas”.

Lo malo no es la sanción económica, –que no lleva aparejada la inhabilitación- sino la bofetada jurídica a los “constitucionalistas” en un momento de renovación y de elecciones  generales y el espectáculo bochornoso para el contribuyente cuando se está agotando el plazo para que el TC se posicione sobre el Plan Ibarretxe.

La gravedad del asunto debería llevarnos a la cordura. Pero algunos jueces han perdido el sentido común. Las últimas sentencias sobre malos tratos a mujeres, sean marroquíes o no, resultan increíbles. Aquel famoso juez de Lérida que consagró que la “minifalda” era motivo de provocación y exculpó al violador,  no ha escandalizado menos a la opinión pública que el titular del juzgado de instrucción número 2 de Manresa (Barcelona) dejando en libertad sin fianza a un hombre acusado de degollar a su esposa entre otros motivos “porque no existe peligro de reiteración”. Y tanto. A pesar de que el juez considera  la “relevante probabilidad de culpabilidad” del imputado, le ha concedido la custodia de su hija de seis años que presenció el asesinato.

No extraña, pues, que el ínclito ex alcalde Marbella Julián Muñoz haya pedido amparo a Aznar y no a los jueces para Isabel Pantoja y para su hija ante el acoso mediático que sufre la tonadillera. Debería haber incluido a Paquirrín.

Lo más pintoresco de esta historia sin final es que los propios miembros del TC recurrirán ante sí mismos la decisión del Supremo. ¿Dónde está el Consejo General del Poder Judicial? La pregunta es más simple: ¿por qué el Gobierno no ha  presentado un proyecto de ley que fije las competencias y los límites de ambos tribunales y evite situaciones como ésta?  Y, ¿para cuándo la democracia en la judicatura?

“El fundamento de la justicia –leemos en Cicerón- es la fe”. Generalmente se juzga los hombres por el crédito del que disfrutan y por sus riquezas. Como no vamos a entrar en sus cuentas corrientes, obviamente, alertemos que con estos juegos al filo de lo imposible nos están dejando sin fe, sin crédito y sin esperanza.  ¿Magistrados del Constitucional negligentes? Poco diligentes, desde luego. ¡Ay de la generación cuyos jueces merecen ser juzgados¡