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Bahía de Itaca                                  Antonio Regalado

                     LA CONVENCION

Los mil doscientos compromisarios que han acudido a Madrid este fin de semana a la convención del PP, regresaban a casa en la tarde de ayer como si hubieran estado en Lourdes: transfigurados. Han cambiado de líder (Rajoy por Aznar) pero no de caballo ganador. Lo de menos son los mítines y el programa electoral. La bulla está es parte de la fiesta. Una convención es un encuentro social para convencidos donde se refuerza el ego, se luce palmito y solo importa el guiño de complicidad con los nuevos gurús del 15-M. Sin duda, esta convención bajo el lema “nsns”  asume todos los poderes del partido y del Estado, nunca mejor dicho en este caso.

A pesar de que la orden era tajante,- ningún cargo público en coche oficial-  el tráfico en la gran avenida del Palacio de Congresos de Madrid parecía el de los bulevares en sábado noche. La fiebre dura día y medio pero, muchacho, qué movida, qué entusiasmo, qué empuje peelectoral. La foto con Aznar, Ana Botella y el propio candidato es casi un imposible. Los ministros son muy accesibles a su público; Acebes, Arenas y Zaplana siguen siendo las sonrisas del  régimen. La displicencia de Rato, que ha encajado como nadie ser segundo, le ha cubierto de una aureola de misterio y distancia que le hace más atractivo: se le nota enamorado en vísperas del 14-F. Los militantes de base  –pocos, claro- le miran con respeto.  Lo que no ha cambiado ni disminuido es el número de pelotas por ministro. Los más bulliciosos y exultantes, quienes estrenan sitio seguro en las listas. La procesión va por dentro para los que han llegado a la capital del Reino sabiendo que el mandato se terminó.

Las convenciones-congresos populares se parecen cada vez más a la gente guapa del CDS, que en paz descanse. Les falta un hervor. Les sobra algún personaje -tipo Fabra- ¿de donde sacan  a estos tipos tan patéticos?, de la otra orilla del siglo anterior, que, de verdad, contaminan el ambiante. ¡Qué hermoso es el poder! ¡Allí lo hemos palpado!

Las acreditaciones siguen siendo discriminatorios. Mientras los líderes-líderes les han servido las acreditaciones a domicilio, periodistas y militantes han de sufrir en propia carne las medidas preventivas. Pero eso entra en el guión. Lo que ya resulta más difícil es acceder a conversar un segundo con los “galácticos” del Partido, llámense Loyola o Mayor Oreja por poner dos ejemplos de personas queridas.

Ninguno de los compromisarios cuestiona ni una de las arengas; ellos siempre dicen sí. El triunfo se da por descontado. La Moncloa cambiará de inquilino pero no de color político. Eso es lo que se ha respirado en la cumbre popular. Los comentarios sobre Zapatero no son generosos en especial por el “caso Carod-Eta” pero los de Llamazares, el hombre que quiere recuperar nuestra ilusión,  resultan zafios y desconcertantes viniendo de gente tan limpia y de tan lejos. En todo caso, los peores comentarios y chascarrilos, sin duda, para el ex presidente González. Le ningunean con el mismo desprecio con el que Felipe ha tratado a Aznar. Algunos incontrolados parecían morir de éxito. Que poco aprenden de la austeridad de los máximos dirigentes.

En fin, dos jornadas de convivencia que excitará a militantes y candidatos al Congreso y al Senado y que les servirá de credo hasta la jornada de reflexión. He asistido decenas de veces a convenciones políticas. Todas son iguales. El líder refuerza su distancia; los cuadros aumentan su poder en la estructura del gobierno y del partido; los electos se inyectan en vena lealtad absoluta a quien les nominó; los que se quedan fuera de las listas, maldicen la hora en que decidieron fundir sus vidas con las de la causa para tener que comenzar, en soledad, una nueva carrera profesional. Las bases aprenden, como siempre, a esperar. Y un hombre –y una mujer-  valen lo que vale su esperanza.

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