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extranjeros en su pais (I) de Antonio Robles //// recuperado la memoria.

BAHÍA DE ÍTACA
Antonio Regalado

Extranjeros en su país (I)

Treinta años después de cimentar la democracia sobre los escombros del franquismo, los nacionalismos están imponiendo con la dictadura de su victimismo irredento un chantaje permanente al Gobierno de la Nación, hasta el punto de que la Constitución del 78 está mortalmente herida con el Estatuto de Cataluña y con el referéndum ilegal del iluminado Ibarretxe. Comenzaron vaciando las arcas del estado asumiendo competencias exclusivas, funcionarios, y dinero público a mansalva y han terminado dinamitando la solidaridad. Ahora, abogan por una Expaña plural republicana y asimétrica como si la Carta Magna se construyese con plastilina cada amanecer.
Lo malo no es que la bandera española haya dejado de ondear en algunos ayuntamientos del País Vasco, Cataluña o Galicia y, además, que eso suceda en feudos socialistas; no, lo grave es que el idioma común haya sido proscrito en varios territorios donde se multa a los ciudadanos por rotular en castellano. Una violación sistemática de los derechos humanos dignos del fascismo más puro y duro en pleno siglo XXI. Algunos estatutos se han convertido, incluso desde la UVI del TC, en una tiranía para los castellanoparlamentes; legalmente, no se puede escolarizar a ningún niño en la lengua de Cervantes en las tres comunidades “galeuscat”. Legalmente imposible. ¿Cómo es esto posible?
El conflicto lingüístico se inició hace 25 años cuando los nacionalistas comenzaron a acosar a los “españolistas” para que abandonaran las enseñanzas públicas en Cataluña y en el País Vasco. Y copar sus puestos funcionariales con personas afines a la construcción nacional. Luego, la experiencia se trasladó a la sanidad, a los jueces y a la empresa privada hasta que la dinámica y la cobardía han roto el bilingüismo por la mitad. Con la matraca de la opresión franquista, los nacional socialistas se han cargado el castellano en un intento de revancha y odio levantados desde la dejación y desidia centrales. Es más cómodo y más políticamente correcto mirar para otro lado desde el Palacio de la Moncloa.
En 1992, Antonio Robles, (Fermoselle, 1954), travestido con el nombre de Azahara Larra Server, publicó un ensayo-novela (en parte autobiográfico) titulado “Extranjeros en su país”, denunciando el acoso político, laboral y sicológico –ríanse ustedes del mobbing actual- al que eran sometidos de manera stajanovista los profesores de instituto y de universidad en el noreste por defender la lengua de Cervantes y la coexistencia del bilingüismo. Hoy, Antonio Robles ocupa uno de los tres escaños del Parlament gracias a los votos de “Ciudadants”, el partido que resiste contra viento y marea la asfixia y las amenazas de ERC y del resto del catalanismo “democrático”.
El Manifiesto por la Lengua común, avalado por ABC y firmado por miles de personas es tan sólo una reflexión en voz alta –un grito- para parar este disparate del hostigamiento de los derechos de las personas en cinco de las diecisiete comunidades autónomas. Antonio Robles ya clamó en el desierto sin conseguirlo. Un profeta en su tierra de adopción y destierro. Un exilado interior. Un luchador. Y allí sigue. “Extranjeros en su país”, se reedita tres largos lustros después por Sehpa Ediciones, Málaga, 2008, amadrinado por Rosa Diez, sin perder, desgraciadamente, ni un ápice de actualidad. Era la crónica de un fascismo anunciado. Recomiendo su lectura en pleno volcán económico y social porque este pulso político tenemos que ganarlo los demócratas.

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