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Antonio Regalado
Oración al amigo ausente
06/02/2006

Maria Teresa, Ricardo , Montse , Mili … cuando Emilio cerró los ojos en el amanecer del 24 de enero ¿qué hora marcaba vuestro corazón? Yo os lo recordaré: marcaba la hora de la esperanza. Y un hombre vale, bien lo sabéis, lo que vale su esperanza.
Queridos amigos de la familia Sánchez-Mer : presumiblemente, yo sea la persona menos indicada para dirigir estas palabras… Una vez, sólo una vez, compartí mesa y mantel a solas: fue en el Congreso de los Diputados. Quería conocer el templo de la libertad y allí estuvimos viendo cómo se elaboran las leyes en democracia.
Nuestra amistad –iba para 18 años- se circunscribe a la pista de tenis, primero en San Cristóbal (Majadahonda) y luego en el Club Monte Rozas; y aquí sí tengo que decir que he sido un ‘privilegiado’ porque yo fui durante los últimos diez años su compañero de dobles.
Como a todos nos une el deporte de la raqueta no hace falta que os diga que los vínculos van más allá de amistad. La pista es la vida misma. Nadie se comporta fuera de forma diferente a como lo hace al otro lado de la red. No fuimos la mejor pareja, ciertamente, porque Carlos, Fernando, Mili y Ricardo, entre otros muchos, nos superaban en talento y juventud… pero nadie puso más pasión ni más corazón que nosotros en cada “golpe”.
Con viento, sol, frío… En invierno, verano, primavera y otoño… allí estábamos aprendiendo. Como principiantes, como novatos. Con la ilusión del primer día. Era nuestro compromiso cada fin de semana y fiestas de guardar.
Hemos sido leales al compromiso. Y solo la ausencia de los últimos meses -de octubre a acá- nos hizo comprender que Emilio estaba jugando otra partida, ésta de ajedrez, contra el tiempo. Emilio nos ha metido a todos un “ace” en la bola decisiva para el “Macht Point”, y ahora descansa plácidamente tras su triunfo en el último Grand Slam
Era creyente, practicante, católico, cristiano… y tenía fe. Por eso, que nadie espere que esta oración nos mueva a las lágrimas: No. “Aquí ahí que venir llorao”.
Estamos hablando de un amigo al que hemos querido y que era un triunfador. La vida al fin y al cabo se resume en cuatro palabras: amar y ser amado.
Triunfó en su trabajo, como economista; pero primero fue maestro de escuela. Noble oficio en la posguerra. Para alguien que viene de Extremadura a Barcelona, con lo puesto, cargado de ilusiones, y luego a Madrid… luchar -“mientras se lucha no se fracasa” – era su consigna. Y su bandera. Yo sé bien que cuando uno abandona el pueblo no se puede volver con las manos vacías.
Invirtió en la bolsa, como experto… pero su mejor inversión de futuro fue con Maite … a quien entregó su cariño; y con sus hijos, a los que les deja una herencia incuestionable: una formación académica y moral envidiables y dos asignaturas aprobadas con sobresaliente: ética y austeridad. Sé que son valores que no cotizan demasiado hoy en día pero convendréis conmigo en que no hay patrimonio más duradero y hermoso. Son cuatro buenas personas. Tres hijos únicos.
“Nos tiene que ir bien en tiempos de crisis incluso, – me decía no ha mucho -, porque nosotros vivimos por debajo de nuestras posibilidades”. He ahí su secreto. Y su verdad.
Triunfó en su familia. Maite, Ricardo, Mili, Montse… Os amó y le amasteis desmesuradamente. Me confesaba Mili el otro día que su padre le suplicaba en la ‘recta final’ de su hoja de ruta: “Necesito 10 años más para dedicárselos a mamá”, a Maite, naturalmente. “El amor” -leemos en San Agustín -, “el amor no pasa nunca”.
Maite: tú eres la gran protagonista de esta historia y nadie como tú le conoció mejor y le quiso más y durante más tiempo: Su recuerdo, su cariño no te abandonará nunca y cuando pienses en él, mira a tus hijos, que son un regalo… ¡Vaya dinastía¡ Así lo expresó el poeta: “Ya no quiero más luz que tu luz mientras viva”.
Por eso, creo yo, para él, la familia era también jugar juntos, vivir juntos. Está demostrado que la “familia que juega ( al tenis) unida, permanece unida”… si me permitís la expresión.
Y ahí estabas/estás tú, Maria Teresa , todos los días vigilando la causa. Acompañando en la victoria porque, más allá del resultado, todos ganábamos. Aunque en la pista todos somos rivales, sé cómo se enorgullecía cuando veía jugar a Mili y Ricardo frente a frente o haciendo pareja en el Club.
Yo tengo que agradecer que me haya dejado como compañera lo mejor que tenía en casa, a Montse, que es también una luchadora como su padre.
Y fue Emilio también, un triunfador en el deporte. De aquel “Jimbo” (Jimmy Connors) intratable con una derecha poderosa al Emilio de octubre de 2005, solo hay un denominador común: su ambición por ganar, por divertirse, por vivir. ¡Qué nos quiten lo ‘bailao’ en la pista¡
Ahora hemos sabido que hacía frente a la enfermedad jugando al tenis; que, a veces, tras la terapia, le faltaba tiempo -que no coraje- para volver a la pista. Su revés, su passig-shott, su volea, su globo, su dejada… no eran otra cosa que “amagos”, “golpes cruzados” y trasversales para evitar lo inevitable. Como decimos nosotros: “El que saca, lo sabe”.
Nos lo ocultó a todos, para no hacernos sufrir. Era un valiente y como tal, le recordaremos.
A Ricardo y a Antonio Salvatierra , rivales y amigos, al otro lado de la red, les pedimos perdón por “unas cuantas pelotas… que a lo mejor tocaron línea” y siempre “aceptamos sacar” dos nuevas… para que la justicia rápida del tenis cumpliera sentencia inmediata. Era la picardía producto de la experiencia para darle “color” al partido.
Creo que a todos nosotros, Ramón, Juan , Rafa , Eugenio , José Luís , Sebas … nos hubiera gustado decirle hasta luego. Se ha ido en silencio… como le gustó vivir. “Estoy en esa edad – hubiera dicho con palabras de Rafael Juárez – en la que un hombre quiere , / por encima de todo ser feliz , cada día, / Y al júbilo, prefiere, la callada alegría, / Y a la pasión que mata, la renuncia que hiere”.
Emilio, os decía, era maestro. Y sabio. Entendió que hay que transmitir valores. Y todos aprendimos en la pista de su comportamiento, de su honradez, de su entrega -nunca daba una pelota por perdida, como los campeones- y de que lo más importante, es lo que está más cerca: las personas, las cosas pequeñas. Era un caballero; un noble caballero dentro y fuera de la cancha. Un ser humano humilde y una excelente persona.
Se nos ha ido lejos, allí arriba, donde siempre es primavera; el será nuestro mejor juez-árbitro para “cantar las bolas” que no tocan la línea…
Allá está, en la línea del cielo. Sonriendo, y dejando ese grito de guerra- que le caracterizaba: ¡Entró, entró!, ¡ “Vamos, Jimbo, vamos…”! Así queremos recordarlo: pletórico de coraje y de alegría. Traducido a este momento, significa, Maite, sencillamente: Adelante, siempre adelante. Y ése grito de pista -esa emoción, esa pasión que ponía en el tenis y en la vida- es el mejor mensaje, el mejor legado que nos deja a todos:
“Abriré el corazón rotundamente; /igual que una granada./para que se los lleven, grano a grano,/los pájaros del cielo,/ las almas de los hombres… Tú, cuídame, Señor, que esté maduro:/Que no me caiga a tierra, /Inútil, ni una sola de sus talladas margaritas rojas…
Las palabras no son más que un eco, sonoro,/casi no mío ya./ La voz es el silencio.
Son unos versos de Pedro Casaldáliga , un catalán universal que está entregando su vida por los pobres más pobres de Brasil. Emilio, -nuestro amigo- yace para siempre en tierras catalanas; para él, un gran “verato” , es un acto de amor a Maite y a Cataluña… Aunque últimamente -me consta- le dolía España…
Termino: nos hemos reunido aquí, para darle las gracias porque con él y junto a él, hemos pasado parte de los mejores años de nuestra vida. Nos hemos reunido aquí para daros las gracias a vosotros -Maite, esposa de Emilio; Ricardo, Mili, Monse, hijos de Emilio-, porque hemos gozado de su compañía -porque hemos sido felices- y porque ya hemos vuelto a las pistas de tenis cuanto antes; hemos vuelto a la vida cotidiana, a la lucha, a la esperanza. Era lo que él hubiera deseado.
Querida familia; amigos: Emilio Sánchez Braña, el compañero de todos, seguirá entre nosotros mientras le queramos. No sentimos dolor ni miedo por su ausencia. Le deseamos la paz que nos transmitió a todos y a cada uno. Su ejemplo es el camino. Me “revelaba” Mili que en los últimos tiempos “disfrutaba” cada segundo de la charla que manteníamos tras el partido en el club. Normalmente giraba en torno a los artículos que previamente le enviaba antes de publicar.
Mili, Ricardo, Montse, Salvatierra… Nada hay que impida romper esa tradición. La actualidad manda. He perdido un oyente y un lector. Pero quiero creer que me seguirá desde la otra orilla del universo, desde la Bahía de Ítaca en este viaje sin retorno que ha emprendido definitivamente.
Maite, n adie como tú conoce los secretos de la felicidad; “Dios es amor” predica el papa Benedicto XVI en su primera encíclica. Le hubiera gustado practicarla porque el amor -bien lo sabes- no pasa nunca. Estamos todavía en los minutos después, en la resaca de su partida y nada mejor que recordarle con aquellas palabras de Quevedo: ” “Alma a quien todo un dios prisión ha sido,/venas que humor a tanto fuego han dado,/ médulas que han gloriosamente ardido;/su cuerpo dejarán, no su cuidado; serán ceniza, más tendrán sentido;/polvo serán, más polvo enamorado”.
Que el Señor de Abraham, Isaac y de Jacob , en el que creemos, le acoja en su seno. Y le pedimos que rece por nosotros que falta nos hace.
Mayte y familia: Emilio persiguió su sueño: un sueño imposible. Y lo consiguió. Lo dicho: adelante. Emilio vigila y desbroza el camino para que todo sea más fácil de ahora en adelante. Su vacío habrá que llenarlo cada día con más generosidad, con más corazón, con más ternura.
Queridos amigos: en nombre de la familia Sánchez-Mer… Gracias por estar aquí. A todos un fuerte abrazo. ¡Que Dios nos bendiga!
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Emilio Sánchez Braña, economista y liberal; tenista y excelente persona, amigo siempre, nació en Aldeanueva de la Vera (Cáceres) en 1938 y falleció en Madrid en el alba del 24 de enero de 2006.

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