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EL COMPROMISO
Antonio Regalado

Asió con fuerza la cartera de presidente del Gobierno, giró el escaño con suavidad, bajó dos escalones, se inclinó levemente al pasar frente a la tribuna de la presidencia y ganó la puerta izquierda hasta el pasillo que conduce directamente al coche oficial. Los aplausos desde el banco azul y los de la mitad derecha del hemiciclo ahogaron los abucheos del resto de la Cámara. Eran las siete horas y treinta y cuatro minutos de la tarde del pasado miércoles.
¿Qué pasó en ese instante del adiós, en ese trayecto interminable de apenas veinte metros del salón de plenos a la calle, por la cabeza de este hombre con cinco años de oposición a la espalda, ocho de gobierno y veinte de actividad parlamentaria? ¿Se lo contará a alguien? ¡Vaya si nos gustaría descifrarlo para entenderlo un poco mejor!

Minutos antes había escrito en el aire en apenas dos minutos, su testamento político: “Sinceramente, creo que hemos cumplido lo que nosotros comprometimos. Recibimos la confianza mayoritaria de los ciudadanos para un programa reformador y es el que hemos puesto en marcha”. A José María Aznar, le traicionó la emoción y su voz se quebró; sólo fue un instante, pero no pudo contener el volcán de hormigas que explosionó en su interior. “La nación española -subrayó- va camino de convertirse en una de las grandes democracias de Europa y del mundo”.

Los rumores fueron cortados enérgicamente por la presidenta: (Un momento, señor presidente. Señorías, les ruego que guarden silencio a ambos lados del hemiciclo y que permiten que continúe la sesión de control que no ha terminado…)

“Les quiero decir –prosiguió el jefe del Ejecutivo con una voz entrecortada- que a través de estas palabras pongo fin a 20 años de presencia en esta Cámara”. (Más rumores). “Ha sido un honor ser diputado y ha sido un honor ser presidente del Gobierno de España durante los últimos ocho años. Gracias por ello. Quiero especialmente dar las gracias a todos los miembros del banco azul, del Grupo Parlamentario Popular y del Partido Popular; su ejemplo de lealtad, de cohesión y de entrega me hacen sentir sumamente orgulloso. Muchas gracias.”

El diario de sesiones recoge en este punto en su página 16175. (Fuertes y prolongados aplausos de los señores diputados del GPP puestos en pié. –Rumores.- Varios señores diputados: ¡Otra! ¡Otra¡ ¡Otra!)

Los que tuvimos el privilegio de vivir en directo este momento histórico podemos asegurar que se va un hombre de Estado, un político cabal. Un castellano noble. Y un español de palabra. Aznar, cumple.

La oposición –hoy fragmentada- no le perdona a este madrileño de firmes convicciones democráticas que se vaya por propia voluntad, sin presiones de nadie; que lo deje todo cuando está en la cumbre, con un partido popular soldado a fuego, cuando tiene motivos suficientes para repetir otra mayoría absoluta, si quisiera, solo “vendiendo” su coherencia y honradez, probadas.

Aznar, en este adiós anticipado, se va dolido por la falta de lealtad constitucional de los nacionalistas; le sangra España por la gran mentira que le achacan: ser el causante de la crispación y del avance de los separatismos en el País Vasco y Cataluña. ¡Cuán duro resulta reconocer que nos deja una España más internacional, moderna y abierta que antes; una España generadora de empleo, de riqueza y de solidaridad. Y, además, unas cuentas transparentes. Un período, además, donde no se ha podido conjugar el verbo corromper!

Tras recordarle a Rodriguez Zapatero que acaba de llegar a acuerdos increíbles, que a su candidato (en la Generalidad) no le han permitido ni pronunciar un discurso de investidura, le espetó: “Un dirigente de un partido nacional puede tener aciertos y equivocaciones, puede cosechar éxitos y fracasos; pero hay dos cosas que un responsable político no puede hacer: la primera es abdicar de sus responsabilidades y la segunda es aceptar que su partido deje de ser un partido nacional. En ese momento, señoría, es donde se pasa la raya de ser un dirigente responsable a ser una persona insolvente, que es en lo que su señoría, se ha convertido”.

Aunque la prensa se cebó en las acusaciones cruzadas con el líder de la oposición: “usted cambia su idea de España por un trocito de poder” le respondió a Zapatero tras el “puyazo” de que “no nos deja usted ni barcos ni honra”, dejó esta clave sobre su porvenir: “Señoría, le tengo que decir que no abandono nada, simplemente me limito a no ser candidato, cumpliendo, por cierto, mis compromisos. El tiempo, sin duda, le pondrá en la Historia.

La VII Legislatura se cierra con el año y se abre la carrera electoral. La defensa de la unidad de España como mandata la Carta Magna va a constituir la primera idea-fuerza de los populares frente a las desventuras del Plan Ibarretxe, el independentismo del tripartito catalán, las incongruencias de IU y el federalismo de un Zapatero atrapado y sin salida de norte a sur pasando por la FSM. Ni a Fernando VII se las dejaban como se lo pone de fácil el presidente José María Aznar a su sucesor Mariano Rajoy. El eslogan de marzo se llama, sencillamente: España, unida.