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el delito de perder el tiempo/antonio regalado

Rescatando el pasado de archivo de ABC

El delito de perder el tiempo.

POR ANTONIO REGALADO Lunes , 10-05-1

Hace bien Rajoy en no dejarse chantajear por Montilla, el puntillero del TC, con el plácet de Zapatero. El PP no retirará el recurso al Estatut porque sencillamente es anticonstitucional de principio a fin. Y hace muy bien María Dolores de Cospedal en rechazar el Pacto por la Educación de Gabilondo porque se trata de una milonga que consagraría que el español no se pueda estudiar en toda España; además, evita que se impulsen reformas para combatir el fracaso escolar (30%) y no permite enseñanzas comunes en historia o geografía. En suma, se perpetúa la LOGSE. Son los pactos-trampa del presidente del Gobierno para tomarse una foto y un respiro antes de que nos aniquile el tsunami griego.

El acuerdo del miércoles sobre las Cajas estaba ya descontado. Y la distancia PSOE-PP se agranda y nos empuja hacia el abismo. Ni reforma laboral, ni reducción del déficit ni de la deuda. Mientras tanto, 4,6 millones de parados estabulados terminarán invadiendo las calles al estar dolorosamente hartos de tanta incompetencia política. Uno lee los periódicos cada mañana y la corrupción y el insulto son el denominador común. Hasta Isabel Pantoja es una presunta corrupta por blanquear (presuntamente) dineros de su infante don Julián, el de Cebreros afincado en Marbella.

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Sorprende que presidenta del PP regional acusara en Puertollano literalmente a José María Barreda de «mentir como un bellaco». O sea, de ser (malo, pícaro, ruin, astuto; persona que comete delitos, que demuestra poca valentía; que cual cazador furtivo asesina ancianos por la espalda…). Un despropósito. De haber aplicado el código Castro -alcalde de Getafe- le hubiera costado 1.500 euros de multa el insulto. Sí, Pedro Castro el presidente de la FEMP que se hizo famoso por llamar «tontos de los c.» a militantes (y votantes) del PP ha promulgado esos mandamientos para castigar a quienes ofendan la honorabilidad de los concejales de su ciudad.

Y resulta doloroso que la secretaria general popular sea perseguida y abucheada por funcionarios de la Junta (en horario laboral) a los gritos de ¡traidora, traidora¡ El espectáculo político resulta deprimente. Hasta la honradez de Bono (y su familia) se ha puesto en entredicho desde abril con fuego cruzado amigo y enemigo. ¡Pim pam, pum…Bono¡
El daño a la convivencia es enorme. Si no fuera por la tragedia que se cierne sobre nuestras cabezas, diría que los políticos están sobreactuando por arañar, enm todas direcciones, un puñado de votos.

El poder sin ética, sin religión, sin mandamientos, sin valores solo conduce al desencanto. En la mitad de esta crisis perfecta, ahora, precisamente ahora es cuando han de hacerse querer y respetar los líderes políticos. Necesitamos a los mejores para sacarnos de este túnel sin salida. Pero vemos mucha mediocridad por todas partes.

Por eso es incomprensible para los castellanomanchegos que, con la que está cayendo, Barreda y Cospedal, dos políticos sensatos y centristas, hayan perdido las composturas y se hayan abrazado a descalificaciones extemporáneas en vez de explorar una tercera vía, que busque fórmulas nuevas de reducir el desempleo y la desesperanza. El Día de la Región podría ser una fecha histórica para sellar la paz y caminar juntos y en la misma dirección.

Por lo visto en las últimas horas la inacción del presidente Rodriguez Zapatero sigue incólume. Nadie lo apeará de su inmovilismo. Igualito que con las negociones (la rendición) de paz con ETA. Tanta inacción como miopía. Ejerce el tancredismo como si contara todavía con el cariño de los dioses cuando el 81% de los españoles le está diciendo claramente que es certero, sí, pero certero en el error. Por eso, hay que buscar una solución urgente: adelantar las elecciones.

Ya hemos comprobado en propia carne como el IBEX 35 no cree en Zapatero. Y algo más grave: En Europa, su sonrisa presidencial y giocondiana se ha tornado etrusca. No vende credibilidad. De ahí los ataques de los tiburones financieros. Él no se lo cree pero somos nosotros quienes padecemos su agnosticismo. Si no hace los deberes, el FMI y Bruselas se los harán. Y luego, vendrá el llanto y el crujir de dientes.

En política no hay mayor delito que el de perder el tiempo. Y ZP está en la prórroga esperando desde hace tres años un penalti milagroso en el último segundo el presidente de la nación no gobierna porque ha excluido de su diccionario las palabras deber, sacrificio, esfuerzo, sudor y lágrimas. Para él todo son derechos. Le da miedo la verdad y prefiere parapetarse en el consenso de los sindicatos que le tienen secuestrado. Desde el Gobierno y desde el Partido acusan Génova de hacer del «no» una política de tierra quemada con vistas electorales, pero el que fracciona y divide es Zapatero, ora en compañía de los nacionalistas, ora con los separatistas, ora contra el TC, ora contra el Senado. Aquel que todo lo aplaza -escribió Demócrates- no dejará nada concluido ni bien hecho. Seguro que esa sentencia la escribió el filósofo dos mil años atrás, pensando en «el Maquiavelo de León», el señor de la ceja, nacido en Valladolid.

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Dunkerque: realismo sin alma/antonioregalado

Me gustan la historia y el cine. Por tanto, la historia llevada al cine siempre concita mi interés. Horas después de estrenar Dunkerque, de Christopher Nolan, pasé por taquilla para revivir “el nuevo cine europeo, realista y enternecedor. 
Decepción absoluta del primero al último fotógrafa. La película no tiene guión y, el resultado, es una ocasión perdida para explicar una retirada militar que pudo terminar en masacre. Y que aquí se queda en nada.


Buena fotografía y excelentes recursos sonoros pero la confusión lo invade todo. Al ser un film coral, sin protagonistas principales, el relato se pierde con varios episodios deshilvanados, desvertebrando toda la historia.

“Dunkerque no transmite emoción ni soledad, 

ni miedo ni ternura, elementos esenciales 

de la guerra. Una peluquería fallida, 

sin vida y alma. No es cine, ni siquiera

un buen documental”

A los nazis se le denomina en todo momento “el enemigo” y nada explica por qué se suceden los acontecimientos, porque suceder, no sucede nada.

Nadie explica qué hacen los soldados ingleses allí, ni el motivo de la evacuación sin medios ni se vislumbra la presión de los nazis. 

Los escarceos de la aviación alemana en ningún momento justifican hechos tan trágicos. Los tres aviones de la RAF son mero atrezzo sin posicionamiento y ubicación exactos para dar la sensación de que fueron decisivos en la amarga victoria del repliegue. Nolan ha querido retratar el infierno individual de los combatientes pero los ha dejado en el limbo.

Si ésta era la réplica a la versión americana de “Salvad al soldado Ryan”, tenemos que convenir en que Nolan fracasa y con él el cine europeo. 


SIN VIDA, SIN ALMA

Reitero: sin un buen guión no puede haber una buena película. La lógica del cine no admite atajos. Las vidas personales en la guerra deben ir acompañadas del sentimiento de altruismo colectivo -los héroes, incluso los anónimos, siempre salvan a la Patria-; aquí todo está superpuesto y desdibujado. La docena de barcos de pesca rescatando a soldados en alta mar eran una caricatura. Los dos oficiales de marina y de tierra no saben qué hacer ni toman el liderazgo. Alguien debe conducir a las masas y en especial en las guerras.

Por no tener, Dunkerque  no tiene ni una mala historia de amor. La ausencia de mujeres – la chica es imprescindible en toda acción-, confirma que aún habiendo una historia (real) que contar no bastan los efectos especiales ni el sonido. Es necesario un buen guión y un relato coherentes. 

Durkerque no transmite emoción ni soledad, ni miedo ni ternura, elementos esenciales de la guerra. Una peluquería fallida, sin vida y alma. No es cine, ni siquiera un buen documental.


Estás a tiempo, querido amigo, de ahorrarte 9 pavos (5,7 euros si eres pensionista) y gasta el tiempo en darte un paseo o en leer un buen libro como Patria.

Si a pesar de todo, te dejas influir por los críticos de cine como lo he hecho yo en está ocasión, después  no te lamentes, pero no digas que no lo sabías.