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“Hoy los nuevos cautivos tienen un nombre propio: inmigrantes”

 

Los trinitarios vuelven a Marruecos

ANTONIO REGALADO

Desde septiembre del pasado año, los trinitarios han vuelto a Marruecos. Dos voluntarios, Manuel Cánovas García (Algeciras, Cádiz, 1971) y Javier Evelio Díaz (Almedina, Ciudad Real, 1975) han abierto una comunidad en Alhucemas, dentro de la diócesis de Tánger. Y decimos que han vuelto porque en 1193, nueve siglos antes, el propio fundado de la Orden Trinitaria, el francés Juan de Mata estuvo en esas tierras del noroeste africano como mensajero del Papa Inocencio III, quien pedía al sultán permiso para que se instalaran allí lo nuevos misioneros trinitarios dedicados a la liberación y a la redención de los cautivos. Y se hablaba ya de canje y de diálogo frente a la colecta de fondos de los nobles En muchas ocasiones, los propios Padres Trinitarios se ofrecían como rehenes para la liberación. Todo un ejemplo de vida y amor al prójimo.

La primera orden religiosa

Recordemos que la Orden Trinitaria fundada en Francia por Juan de Mata  (1193)  tuvo como cofundador a  Felix de Valois;  fue autorizada por Inocencio III en 1198. Es la primera organización (orden) religiosa dedicada al seguimiento evangélico de Cristo,  dedicada a la Santísima Trinidad y a la redención de los cautivos. Nace en plena Baja Edad Media, en la mitad de las Cruzadas con un carácter caritativo y social orientada al rescate de los cautivos cristianos en manos de los musulmanes y el servicio a los necesitados en los hospitales para peregrinos.

 

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La Regla Trinitaria, escrita personalmente por el fundador y que se conserva aún en el convento-sede  trinitario de Roma, junto al palacio del Quirinale, está impregnada del ideal de servicio a la comunidad, a la humildad y a la entrega al pobre y al cautivo, esté donde esté y sea cual sea su color de piel o su religión. El espíritu trinitario recorre toda Europa y en nombre de la Trinidad se levantan decenas y decenas de templos y conventos que pasan a denominarse Domus Trinitatis.

La Revolución Francesa (1789)  se incautó del convento matriz cerca de París y lo destruyó; las desamortizaciones españolas de  José Bonaparte (1809), la de Argüelles (1813), la del Trienio Liberal (1820), la de Mendizábal (1836),  la de Espartero (1841) y la de Madoz (1855) acabaron con el gran legado de los Trinitarios pero no pudieron acabar con el logo rojo y azul que aún puede verse en todas las fachadas de las iglesias y conventos que regentó  la orden especialmente en España y en Italia.

Trinitarios al rescate

En el centro de la Plaza de España de Madrid se erige un monumento que perpetúa la memoria de don Miguel de Cervantes Saavedra, toda una apasionante vida como soldado y como escritor. El autor de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha había participado años atrás en la batalla naval  de Lepanto (Grecia), el 7 de octubre de 1571, que enfrentó a los turcos otomanos contra una coalición cristiana llamada la Liga Santa, integrada por el Papa Pio V, la República de Venecia y la Monarquía de Felipe II.

Cervantes escribió que “fue la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, lo presentes y esperan ver los venideros”.

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Cuatro años  después sería  apresado en el Mediterráneo y llevado hasta  Argel de donde le liberarían los Trinitarios tras cinco años de cautiverio donde el insigne manco escritor aprendió a entrenar la paciencia y a potenciar sus ansias de libertad. El rescate, llevado a cabo por el trinitario fray Juan Gil, tuvo lugar el 19 de septiembre de 1580 tras el pago de 500 escudos “de oro en oro” (unos 20.000 euros actuales)  a Azán Bajá Rey, en gran parte recaudados por la madre y a hermana del propio Cervantes.

Por eso en ese monumento madrileño, tras las estatuas en bronce de don Quijote a lomos de su Rocinante  y de  Sancho montando su rucio asno, puede verse la cruz trinitaria. Aquella hazaña humanitaria cambió la vida de un hombre y de todas las letras españolas. No es extraño, pues, que a su muerte, el anciano don Miguel,  pidiese descasar en el convento de las Madres Trinitarias de Madrid, en el corazón del Barrio de las Letras.

El espíritu trinitario

La filosofía trinitaria no ha cambiado en los últimos 920 años. Bajo la advocación de la Trinidad, la liberación de los oprimidos  es la causa fundamental de la existencia de miles de hombres y mujeres que han dedicado sus vidas a los más necesitados de la tierra en todas las latitudes.

Las cruzadas de la Edad Media por la liberación de Tierra Santa reavivaron una lucha encarnizada con el Islam y su Guerra Santa contra el  infiel, que hoy continúa. Aquellos cautivos capturados en el mar tienen hoy un nombre propio: inmigrantes.

Conviene recordar que la historia de la Orden Trinitaria se ha mantenido fiel a sus Reglas Fundacionales. En 1682 los redentores españoles Miguel de Jesús María, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección, dieron la libertad a 211 cautivos, encarcelados en Fez, Tetuán y Mequínez, y rescataron  simultáneamente 17 imágenes sagradas (15 esculturas y dos cuadros) que estaban en las mazmorras musulmanas. Una de ellas, la de Jesús Nazareno Rescatado, se venera en la basílica de Jesús de Medinaceli, un templo levantado sobre el convento de los trinitarios descalzos de Nuestra Señora de la Encarnación.

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La devoción de todos los monarcas a ésta imagen no es menor que la de muchos madrileños que hacen largas colas para rogar su intercesión los primeros viernes de cada mes.  El escapulario trinitario constata la vinculación de esta imagen con la orden fundada por San Juan Mata. Y su advocación se ha extendido por medio mundo.

Volver al norte de Africa

Y es en esta tradición de ayuda al necesitado en la que se enmarca la nueva llegada a Alhucemas de los PP. Redentores. Desde hace décadas los Trinitarios de la provincia Sur de España han sentido la inquietud de tener presencia y compromiso social en el Norte de Africa. La Casa de los Trinitarios en Algeciras es un centro de acogida esencial en estos tiempos convulsos de inmigración descontrolada. A nadie se le pregunta  allí de dónde viene sino qué necesita.

 

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Varios sacerdotes trinitarios han participado en jornadas de formación en Tánger ayudando en temas migratorios.  Tras estas experiencias,  el Ministro Provincial, Pedro Huerta y el obispo de esa  ciudad  marroquí, Monseñor Santiago Agrelo, convergieron en que el carisma trinitario sería muy conveniente y necesario para acompañar a los cristianos católicos de Alhucemas donde llevaban tiempo esperando a sacerdotes estables.

Manolo Cánovas y Evelio Díaz, tras la propuesta del capítulo Provincial se presentaron voluntarios a emprender tan noble causa. En declaraciones  a la revista Trinidad y Liberación, ambos frailes consideran que “esta nueva misión es una llamada del Espíritu, un compromiso con una pequeña iglesia que vive en medio del mundo musulmán, que se caracteriza por el servicio de la caridad, la vivencia profunda de la fe y la riqueza que produce compartir los diferentes carismas de la vida consagrada”.

La finalidad de la presencia trinitaria es ofrecer el carisma de la orden a esta pequeña archidiócesis, de acompañamiento a la comunidad cristiana, e impulsar un proyecto pastoral y social ante las necesidades de la zona, la realidad migratoria y el diálogo interreligioso con el mundo musulmán.

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Manolo y Evelio, nuevos misioneros Trinitarios en Alhucemas

 

¿Qué se pasa por la cabeza de dos voluntarios trinitarios que abandonan su zona de confort en España para trabajar por los más pobres de los pobres? Manolo y Evelio comparten los mismos principios.

“Estamos aquí para ampliar nuestra trayectoria personal; hemos venido para estudiar y profundizar en el diálogo con el Islam, en el intercambio de experiencias religiosas y en un servicio  a la comunidad. Acompañamos  a los cristianos donde es difícil vivir de manera  abierta la propia fe y nos enriquece participar en un campamento de refugiados”.

Las razones no se acaban en esos argumentos: “Estamos aquí llevando un testimonio trinitario más allá de nuestras fronteras y más allá de nuestros prejuicios culturales y religiosos”

Todos sumamos

Nuestros amigos trinitarios tienen vocación de quedarse. La línea de compromiso es la inmigración, la atención a menores, a mujeres… y a discapacitados. Tienen un ejemplo muy cercano: el obispo de la diócesis que es un “pura sangre de bondad y sencillez”, aseguran los hermanos trinitarios,  que trabajan en colaboración con otras órdenes religiosas donde es frecuente la vida consagrada femenina. “Todos sumamos” sostienen Manolo y Evelio.

Regentan la parroquia de San José que perteneció a los PP Franciscanos. “Esta no es una zona de turismo” –señalan ambos trinitarios- “no estamos aquí para salvar a nadie; solo queremos acompañar”.

En estos tres meses largos de estancia en Alhucemas ya han vivido la salida de pateras hacia la Península Ibérica y las devoluciones en caliente. “Los jóvenes creen que el futuro es Europa y que tienen que salir de aquí. No dejan de soñar. Y luego, la realidad es muy diferente”.

En esa parroquia de San José, los trinitarios están creando un clima de “hogar” para recibir a todas las personas que necesiten ayuda bien sea por la emigración o por el peligro de exclusión. Los PP. Trinitarios están empezando de cero y necesitan de todo aunque como siempre dicen: “Dios proveerá”.

Eso sí, no les vendría mal un “manitas” para ir reconstruyendo la iglesia y las dependencias de su parroquia tras ocho años de abandono.

Como miembros de la Familia Trinitaria nos enriquece humanamente comprobar cómo aquello que nos enseñaban en el Seminario al principio de los años 60 se sigue practicando; nos sentimos orgullosos de Manolo y de Evelio al igual que de los trinitarios que están predicando el Evangelio y ayudando a otros seres semejantes en Madagascar, en Perú o en Asia.

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Hoy la liberación no es de cautivos cristianos a manos de musulmanes sino de personas que sienten la necesidad de vivir una vida digna: la emigración (y sobre todo, la integración de esa inmigración) es el desafío más importante de la Unión Europea y de España como destino inmediato.

Desgraciadamente, inmigración es sinónimo de delincuencia, de mafias, de droga, de trata de personas, violencia… Los sueños de las personas decentes no entienden de fronteras ni de papeles legales o ilegales. En realidad, de una u otra manera,  todos somos emigrantes de un solo mundo.

Nuestra solidaridad con Manuel Cánovas y Evelio Díaz en su nueva misión apostólica (y sobre todo social) en el Norte de África. Bienvenidos a Marruecos.  No estáis solos. Esta es solidaridad verdadera. La solidaridad por una igualdad trinitaria. Por más justicia.

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