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jmm, el poeta rebelde/antonio regalado

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Este seis de abril en Carrascal regresamos de repente al invierno. El sábado fue bronco, desapacible. Pero, en mitad de la tarde, se respiraba calma escuchando versos julianos y  el murmullo del agua caída del cielo como una bendición, tras interminables meses de sequía.

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“Sembrados a Voleo”

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 JMM, el poeta rebelde

       

Texto: ANTONIO REGALADO  – Fotos: PIEDAD MARTIN.

Si Miguel  Hernández fue el poeta del pueblo, Julián Martin Martin (JMM, Cordovilla, Salamanca, 1947) es el poeta del pueblo y de la tierra; un cantautor a campo abierto curtido en los secanos, sol a sol y luna a luna. Un explorador de las charcas y de los regatos -arroyos que nunca llegaron  a ser ríos- entre amaneceres y despertares.

Un labrador por cuenta ajena que ha volteado la tierra con sangre, sudor y lágrimas sin odios ni rencores; un escritor de rimas espumosas desparramadas en océanos de mieses verdes y amarillas en primavera,  y ternuras otoñales teñidas de esperanza. Un amante de las laderas,  del viento, del agua y de las lluvias. Un naturalista que conoce todos los pájaros, todos los insectos y culebras y todas las retamas  regadas con el polvo del camino.

Julián  Martín es un retratista de paisajes eternos, no lejanos; y de paisanos honrados con rostros arañados por surcos infinitos, orgullosos de trabajar la tierra con las manos. Buenas personas, gente buena que, a veces, demasiadas veces, se atreve  a soñar en alta voz desde la niñez, porque soñar, a los pobres, -soñar, decía-, no nos cuesta nada.

Es otra forma de rebeldía. Casi un revolucionario. Sí, JMM es un revolucionario del lenguaje, del rigor  al buen castellano, del amor al verbo hecho deseo, de la entrega sin límite a las pequeñas cosas, camino a la perfección. O a la locura. Y, por encima de todo,  posee una voluntad libérrima.

Julián Martín tiene en la familia, la amistad y la fe sus mejores aliados; sus últimas excusas para expresar, sentir y contar con palabras sencillas, la belleza que entraña la dureza del universo rural. Todo lo noble le  interesa y ningún dolor le es indiferente.

Nadie como este artesano de la rima,  junta palabras enamoradas en versos sueltos, libres y de métrica ortodoxa , combinando pensares y sentires profundos, inmensos, en besanas desnudas, como rejas romanas que atraviesan el alma.

El séptimo hijo

Julián Martín, simplemente, el poeta, ha presentado su séptimo poemario “SEMBRADOS A VOLEO” en Carrascal del Obispo, el pueblo en el que habita y del que es hijo adoptivo. Y agradecido. A la cita, en este primer sábado desapacible de abril, no faltó nadie. Su familia y sus amigos le arroparon, como siempre. Ese es todo el precio, todo el  salario que exige por sus talentos. 

Y allí, en la escuela nacional -como decíamos antes en Aldehuela, el pueblo donde juntos fuimos a clase con don Onofre, don Tomás  y don Antonio- se dejó rodear de sus paisanos para presentar casi  100 poemas inéditos, nacidos desde antaño, en plenitud de soledad.

Abrió la sesión literaria, el concejal de Cultura,  Julián Hernández,  para agradecer a los asistentes su presencia en un acto que a todos incumbe y llena de orgullo, porque JMM, hunde en este pueblo  sus raíces. Y es un orgullo, además, porque gran parte de la obra ha sido inspirada, escrita y firmada en este lugar del campo charro, de  larga tradición agrícola y ganadera. Sus descripciones son un homenaje a la vida cotidiana, a la heroicidad de envejecer con dignidad. Crónica directa de lo que pasa. Relato e historia viva de un tiempo nuestro que languidece.

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Tomó  la palabra a continuación, el profesor Alfredo Calvo Pereira, que ejerce docencia en Ciudad Rodrigo y está unido a Carrascal porque el destino del corazón le llevó allí hace varios lustros. Conocedor de la vida y obra de nuestro poeta -y sin embargo amigo-, Alfredo definió certeramente la filosofía de esta séptima entrega poética, el trabajo de un hombre enamorado. “SEMBRADOS A  VOLEO” es un libro muy bueno. Julián ha sabido expresar los sentimientos magistralmente porque sus versos están apoyando siempre los sentimientos de los demás”

JMM siente y nos hace sentir lo que él mismo siente. Esta es la grandeza de la verdadera poesía.Vivir lo que el poeta vivió primera y primariamente. Transmitir autenticidad y futuro a una tierra que se queda vacía de sonrisas y llantos.

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Suspiros del alma.

La esencia de toda velada literaria reside en dar a conocer la obra. Nada más reconfortante que los rapsodas sean los propios vecinos y los amigos propios. Maria,  hija de la tierra y la mujer del profesor y presentador, nos deleitó con un poema retrospectivo que sigue anclado en el imaginario colectivo de Carrascal. Julián, 84 años después, ha rescatado del olvido, y del miedo al infierno de los cielos, esta pesadilla que vivieron sus padres:

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Pablo, un niño con poco más de  una década de vida a sus espaldas, recitó con la convicción de un buen alumno el poema Enséñame. Un homenaje a todos los maestros que han moldeado nuestras vidas.

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¡Qué bien suenan los versos en  la voz de almas serenas¡ Geli – nunca supe ni me atreví a preguntar si se llama Angélica o Angelines-, una gran dama otoñal, dio vida a Niños de pena y sueños, con reminiscencias -creo yo- del Niño yuntero de nuestro admirado compañero del alma, de Orihuela.

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Nadie mejor que el párroco de Carrascal, don Inocencio Shawa, venido a misionar desde el corazón de África, -¡como cambian los tiempos y las creencias!- para recrearse  y recrearnos con uno de los trabajos más místicos de Julián: su devoción por Santa Teresa. Andariega de Dios confirma que todos, somos ya un solo mundo.

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Consuelo, la última rapsoda de la tarde, amiga de Piedad  y de Julián, vecinos todos, tuvo el privilegio de recitar con emoción sentida, Perdidos en la nada, un bello relato sobre la enfermedad y muerte inexplicablemente prolongadas y Refugio del alma, un reconocimiento sincero al pintor Victoriano García.

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ABF42037-491A-4EA5-BEE0-99671E936FD2.jpegLa fiesta terminó -porque el acto fue una fiesta cultural- como terminan siempre en nuestros pueblos: celebrándolo con excelentes pinchos de jamón, chorizo, queso, tortilla, vino , refrescos y dulces amablemente servido por la señora Piedad y sus hijas Eva y Piedad, magníficas anfitrionas.

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Carta de despedida

El autor, siempre original, no cerró el acto de acción de gracias,  -JMM da siempre las gracias por todo-, con un poema escrito a vuelapluma para la ocasión, sino con una carta a su último hijo literario. Una carta en la que daba libertad para que escogiera por sí mismo, su propio norte.Te dejo,  libro mío, con tus aciertos y tus errores. Te dejo en las manos de quienes a partir de este instante preciso, serán los que te sostengan, te acaricien y  te quieren”. Y terminaba: “Adiós, pues, libro mío; el mundo es un buen lugar todavía para encontrarnos”.

 

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Este seis de abril en Carrascal regresamos de repente al invierno. El sábado fue bronco, desapacible.  También en Salamanca capital y En media España. Pero, en la mitad de la tarde,  en la escuela nacional, a se respiraba calma por el agua caída del cielo como una bendición tras interminables meses de sequía.

Un poco antes de caer la noche, nos pareció ver un nuevo arco iris, colgado sobre la sierra de la Peña de Francia. Pero, a lo mejor, solo fue un sueño, un verso suelto, un alejandrino, una endecha o espinela o un soneto (sin estrambote) de JMM vagando sobre la atalaya de Valdemoro. 

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