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TOLEDO/BAHIA DE ITACA

Hasta aquí hemos llegado

“Estamos a cinco minutos de que el 27-S al cerrar las urnas se proclame la República de Cataluña. Hay que rearmar el Estado con el delito de secesión”.

POR ANTONIO REGALADO
Sabemos perfectamente por qué hemos llegado hasta aquí. Después de treinta y siete años de democracia tenemos que admitir que los separatistas, parapetados en el nacionalismo, ora apoyados en las pistolas ora en el terror dogmático desde la calle, la administración, la empresa y la escuela han ganado la primera batalla para romper España. Estamos a cinco minutos de que el 27-S al cerrar las urnas se proclame la República de Cataluña. Un golpe de Estado anunciado urbi et orbi por los propios representantes a quienes pagamos los salarios con nuestros impuestos Unos servidores públicos desleales y corruptos que juraron cumplir la ley y prevarican y se ríen del estado de Derecho ante la dejación de los gobiernos de la Nación desde el 82.
Permeables al chantaje
Fue Felipe González –herido en su honor por La Vanguardia sin protestar- el que obligó al fiscal Villarejo a que permitiera que Pujol –delincuente durante siete lustros- se fuera de rositas en el asunto de Banca Catalana; fue González quien derogó el recurso previo de inconstitucionalidad y quien retiró del Código Penal el delito de secesión. Ah, ¿que no sabían que no existe ya en España esa figura delictiva? Pues sí. Es otra forma de desarmar el Estado.
José María Aznar -hablando catalán en la intimidad- desmanteló la figura del Servicio Nacional de Meteorología, devaluó la figura de los gobernadores civiles y de los delegados de los ministerios y, por un puñado de votos, tras el Pacto del Majestic se negó a recurrir la ley de inmersión al catalán e impidió que lo hiciera el entonces Defensor del Pueblo Enrique Mújica. Todos conocemos las consecuencias nefastas de tal decisión.
Las cesiones del innombrable José Luís Rodríguez Zapatero sorprendieron a Maragall, Montilla y hasta el propio Mas. Le entregó un Estatuto-constitución incluyendo el término nación en el preámbulo que hoy les da alas para llegar a la estación término del independentismo. Claro que quienes tuvimos el dudoso privilegio de escucharle en vivo y en directo, en la Cámara Alta, decir que “nación es un concepto discutible y discutido”, estamos desde entonces curados de espanto.
Mariano Rajoy y su vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría se han pasado cuarenta y cinco meses seguidos afirmando que “estamos seguros de que el presidente de la Generalitat va a cumplir la ley”. Ahora le entran las prisas y quieren descargar su inacción y miopía políticas en el Tribunal Constitucional para que sea eficaz. ¿No eran estos mismos políticos del PP quienes ratificaban viernes tras viernes en el Consejo de Ministros y en sus comparecencias públicas que había normas suficientes para detener la deriva nacionalista catalana?
El propio presidente del Gobierno garantizó a Alicia Sánchez Camacho en La Moncloa hace un año que su Plan B impediría el referéndum del 9S. Nunca hubo plan A ni mucho menos plan B. Nunca pasa nada. ¿Y si pasa? Improvisamos.
La fiscalía del TS de Cataluña aún está averiguando quien dio la orden de abrir los colegios para la consulta ilegal. ¿Algún imputado? Ninguno. Los cuatro presidentes citados, con mayorías y sin ellas, han sucumbido al chantaje nacionalista envolviéndose en la falsa bandera de la gobernabilidad.
Hace unas horas hemos sabido que el artículo 155 no podrá ser utilizado legalmente al no estar desarrollado, dejando un vacío de poder que será utilizado de nuevo por los separatistas catalanes como ya hicieron en el 34 y en el 36. Nosotros subvencionamos con el FLA sus estructuras de estado, devolvemos sus bonos patrióticos al 7,5% y sus embajadas en el exterior. Ellos van de víctimas y nosotros pagamos las fiestas. No aprendemos.
Rearmar el Estado
La lista única de Juntos por el Si confirma que el espíritu totalitario que la sostiene con monjas enamoradas y oportunistas de medio pelo es un pulso a la legalidad que el Estado no puede perder. Sin duda, este es el voto de tu vida. Y no solo para los catalanes. Nos jugamos la unidad de España que allí ha defendido únicamente Ciudadanos. La posición del PSOE, del PSC y de la Tercera Vía auspiciada por Sánchez, González y el ínclito Rubalcaba es una broma para ocultar su federalismo asimétrico. Y no será porque CiU y ERC no lo venían diciendo alto y claro.
Poco antes de la primavera de 2012, el entonces portavoz de ERC en el Congreso Alfred Bosch, nos ilustraba a dos decenas de periodistas del grupo Europa en Suma, con esta cantinela: Esta es la Legislatura de la Independencia de Cataluña. Les doy cuatro razones: 1ª, No hay leyes para pararnos; 2ª, No van a mandarnos los tanques, el Ejército, la Policía ni la Guardia Civil, 3ª, No van a encarcelar a un millón de manifestantes y 4ª, este Ejecutivo no tiene agallas para desarrollar el Articulo 155 de la CE.
Desgraciadamente, el hoy concejal barcelonés, tenía razón. Y respecto a la deuda acumulada, señalaba: “No tenemos que devolver nada. Cataluña representa el 20 por 100 del PIB. España nos roba. Aportamos más de lo que recibimos. Por ello, negociaremos de tú a tú con las siguientes premisas: El 20 por 100 del ejército, nos pertenece; y el 20 por 100 de las embajadas, y de los ministerios, y de los aeropuertos, y de las pensiones y de la Seguridad Social y del Banco de España… Moraleja: esto nos tiene que salir gratis”.
Me consta que Génova 13, Moncloa y Ferraz, 80 fueron informados puntualmente del planteamiento del señor Bosch. Me consta también que no hicieron ningún caso. Hoy nos queda el llanto y el crujir de dientes. Insisto, como escribí en estas páginas de ABC en 2013, que es necesario rearmar el Estado empezando por aprobar la Ley de Prevalencia del Congreso y del Senado sobre los Parlamentos de las CCAA, el recurso previo de Inconstitucionalidad, cerrar el mapa autonómico, recuperar la educación y la sanidad, la inhabilitación económica y política para los cargos públicos y funcionarios que no cumplan la ley y la promulgación de nuevo del delito de Sucesión.
El Gobierno de la Nación tiene mayoría suficiente para frenar la deriva nacionalista aunque se lo lleve la marea en las próximas elecciones generales. Lo que queremos de Rajoy (y de Sánchez si posible fuera, porque Albert Ribera y Rosa Diez lo respaldarían) es que piensen en España al menos una vez en su vida y no en su partidos y en los comicios de diciembre. La pregunta no es por qué hemos llegado hasta aquí. La respuesta conjunta que nos gustaría oír con contundencia es muy sencilla: hasta aquí hemos llegado.

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