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la mitad de todo

      EL ESCANDALO DE  “Gürtel” lleva directamente a Rajoy a la III derrota consecutiva. Hasta un hombre de extremo centro con el presidente castellano y leonés,  Juan Vicente Herrera ha amenazado con tirar la toalla. Se suspende de militancia a  “Rick” Costa. Se jalea desde Gènova 13 a Cobo, el paje de Gallardón. Aznar exige un liderazgo fuerte cuando fue él con su dedazo quien entronizó al bizcochable  Rajoy líder natural. Y es que a los populares le gusta que le manden personas con bigotes. Incluido el amigo del alma de  Francisco Camps. No con barba lampiña.

  El espectáculo de los últimos días ha sido galáctico. Ni el fracaso del Real Madrid en Alcorcón ni las detenciones de los colaboradores de Pujol han desviado la atención informativa de la diana del PP. Una lucha encarnizada por el poder. Por el poder y por el dinero de Cajamadrid.  Si un concejal puede insultar impunemente a Esperanza Aguirre, presidenta del PP madrileño y no sólo no lo desautoriza el alcalde de la capital sino que además lo alhaja don Mariano con su silencio, apaga y vámonos.  

   Manuel Pizarro,  harto de estos mangantes de tres al cuarto sin disciplina ni lealtad lo ha dicho alto y claro: Rato es un magnífico presidente… del Gobierno. O sea, que Mariano que vive en el limbo de  Pedro Arriola pagando un millón de euros al año-, también puede ver peligrar su silla de cara a 2012. Congreso extraordinario ya.  El registrador de la propiedad, cual Job II, ha convocado al comité con urgencia. No pasará nada. Su inacción es el problema. Pedirá más tiempo para  perder más tiempo. Ya lo dijo Pitágoras, el del teorema con 27 soluciones: el principio es la mitad de todo. Los españoles no nos merecemos ni a este Gobierno ni a esta oposición. Bendita Rosa (10). Barreda suspira aliviado cómo De  Cospedal se está quemando por su jefe.  Que no olvide cómo degolló, con sus propias manos  y sin piedad, a Maria San Gil.

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recemos juntos

   (Articulo rescatado de la bitácora de aregalado del dia 6 de junio de 2008).

    Por su ‘look’ los conoceréis. Triunfadores. Ninguno pasa de los cuarenta. Camisas de Polo o de Lacoste. Jerseys de colores atrevidos –molan los rosas-, vaqueros de firma, pelo crecido y  piel bronceada. Liberales en lo económico y en lo social. Son los discípulos de Juan Costa, el deseado; “the low cost”, le bautizan sus enemigos interiores. Acusó a Rajoy, cara a cara, de no unir al PP y de provocar una crisis de ilusión. Lo cierto es que el CIS ya ha registrado un bajón del primer millón de votos. Y la sangría continúa. Rosa Diez, que estás en los cielos, encantada del hueco nacional y centrista que ha abierto con el español o con las víctimas del terrorismo.

   De ahí la paradoja del eslogan congresual, “Crecemos juntos”.  Los pesimistas, malévolos, creen que era mejor haberse reunido alrededor de una paella con un lema ajustado a la realidad:“Nos hundimos juntos”.

       La derrota del 9M ha abierto una brecha –y no precisamente digital en el principal partido de la oposición- que no cicatrizará con el XVI congreso de Valencia. Se agrandará en los cónclaves territoriales. Las víctimas van quedando en las cunetas de la Nacional III. El penúltimo, Alejandro Ballesteros,  que por decir en voz alta lo que sentía (y lo que muchos piensan) ha sido degradado a diputado raso tras habérsele prometido la presidencia de la comisión de RTVE y la colaboración estrecha (casi ìntima) con la dirección del grupo de los “sorayos”. Ni una palabra de reproche. “He hecho lo que tenía que hacer, tengo limpia la conciencia”, me comenta, sin acritud, en sede parlamentaria. Ni una mala cara a los desplantes de los compañeros oficialistas. Se ha convertido en un apestado.   Mantiene el aval para refirmar sus convicciones en el cambio que predica.  Está cerca de Costa, ‘off course’ y de los compañeros mártires frente al aparato. Contestará con lealtad a la causa  popular y no responderá a los francotiradores dek fuego amigo desde Toledo.

    No me lo confesó,  pero creo que tiene la impresión de que hay muchos militantes y compromisarios castellanomanchegos que entienden su actitud y que ahora mismo se arrepienten de haber firmado un cheque3 en blanco a la presidenta.

    Por cierto, la cúpula del PP en la comunidad –con Maria Dolores de Cospedal y Vicente Tirado a la cabeza- se reunieron el pasado miércoles en el Senado – a partir de las 11,05 horas- con  Pío García Escudero. Si éste accede a la secretaría general, la baronesa albaceteña ascendería vertiginosamente en el Grupo y en la Ejecutiva pero con cargos que no le distraigan un ápice de su objetivo primordial: liderar el proceso de cambio en Castilla-La Mancha.

   Quedan unas horas para que Costa –el alumno aventajado de Rato- se pronuncie. Rajoy será el primero en enterarse. Los apóstoles de la renovación generacional, valoran dos escenarios: uno, que Rajoy gane a la búlgara y deslegitime la victoria, y dos,  presentarse “in extremis” de forma testimonial para denunciar que no había posibilidad de obtener avales, obligando a abrir el partido a la sociedad.  El ofrecimiento de revisión de firmas de Núñez Feijó puede ser una oferta trampa. En todo caso, este paso adelante se convertiría en una inversión para recomenzar la lucha (armada) en el otoño con muchos congresos regionales celebrados ya para medir las fuerzas de combate.

    Muchos compromisarios están molestos con Mariano Rajoy no solo por la ponencia política, huérfana de ideas y de impulso renovador, sino también por el trato humillante que el presidente ha dado a María San Gil y está dando a los que no comulgan con su liderzgo. Que ahora se abrace al alcalde Ruiz Gallardón no preocupa a esos  jóvenes experimentados y centristas – Suárez/Kennedy/Sarkozy son los modelos-  porque saben que la ambición del alcalde se desborda dos veces al año y siempre termina ahogándose en su propia megalomanía. “Su fuerza le viene de Prisa  -me dice un senador popular que le conoce- “pero no es nadie en el partido. Y menos en Madrid donde todo lo que se mueve lo controla Esperanza”.

   ¿Hasta cuando aguantará Rajoy este calvario? Las encuestas mensuales y las perspectivas avanzan en su contra. Y en todas direcciones. El apoyo incondicional de las provincias y CCAA no justifican el entusiasmo más que de forma coyuntural. Se trata de una huida trasversal hasta que se desvele el nuevo lider. ¿Quién será el tapado? Sin duda, el hombre que más ha apostado por dar oxigeno al propio  Rajoy, el más fervoroso  de sus fans, el valenciano Francisco Camps. Los largos silencios le delantan. Nadie se mueve como él entre bamabalinas. Es un pequeño Maquivalo mediterráneo que ha conseguido infiltrar a su bautista –Esteban González Pons, el mesías más mediático y una de las cabezas mejores amuebladas del PP- en el mismo corazón de Génova 13.   La cuenta atrás ha comenzado. La lucha será a muerte. Por tanto, mientras llega el XVII Congreso  extraordinario (pongamos 2010)  impregnemos este tiempo de transición con una filosofía góticomonastica: recemos juntos.

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uno de los nuestros

YA LO ESCRIBIO  Neruda como prólogo a la canción desesperada. “Es tan corto el amor y tan largo el olvido…” Pero no  queremos escribir los versos más tristes del otoño. Ni hacer retroceder la muralla de sombras. El investigador cinematográfico Domingo Ruiz  ha traído a las páginas de ABC la historia interminable de Miguel Morayta, una leyenda  dedicada en cuerpo y alma al séptimo arte. Desde la otra orilla del Atlántico, desde la bahía de sus 102 años, Miguel requiere justicia. No pide nada. Aunque nosotros los de entonces ya no seamos los mismos, entendemos que a este autor y escritor nacido en Villahermosa (Ciudad Real), le debemos un reconocimiento público y colectivo. No es tan conocido como Almodóvar ni Cuerda pero con 85 películas en su haber es el más prolífico, quizás, de los directores españoles.

   A este artillero galardonado por el ejército de la República , a éste nieto de un federal iberista, anticlerical y adalid de masones, a este hijo de médico que fue diputado a Cortes y llegó a regir la Diputación Provincial ciudarreealeña, a este hombre –decía- le sobreviven dos hijos y sesenta años de exilio sin ira ni nostalgia. Hablamos de un pionero del cine latinoamericano. Sobre él se ha extendido además un manto de silencio inexplicable. Quizás, sólo quizás, por ser sobrino segundo del general Franco. Los falangistas de la Filmoteca Nacional nunca le perdonaron su republicanismo; en la Transición , no admitieron tampoco su desbordante talento. “Yo hago cine para divertirme y divertir a la gente”. Nada más. Nada menos. Miguel Morayta hoy sobrevive en México DF después de una rotura de fémur. No pide volver. Nos consta que el presidente José María Barreda cursó instrucciones para rehabilitar su memoria. Alguien, en los niveles inferiores de la administración, se olvidó de cumplirlas. Antes que el río hasta la mar nos lleve, rompamos el silencio y el olvido. El tiempo juega a la contra. Es uno de los nuestros.

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miguel morayta: un olvido de cine

         Dirigió en Méjico 85 películas y está considerado como uno de los realizadores de la edad de oro del cine azteca.

–         En “35 películas de Miguel Morayta”, su descubridor, Domingo Ruiz nos presenta a un cineasta que solo pretende divertir y diversitrse”.

–         Nació en Villahermosa (1907) y fue el artillero más joven del ejército republicano. Defendió Barcelona hasta kla llegada de Yagüe

–         Trabajó con María Félix, Dolores del Río, Carmen Sevilla y Vicente Parra.

–         Su vida y su obra merecen un homenaje público que no se producido. Falta por escribir su vida.

–          A pesar de ser fiel a la república, nunca hizo un cine militante.

–         Ser sobrino de Franco le perjudicó negándose a ser recibido en El Pardo.

–         Ahora vive en la capital federal con el mismo espíritu castrense que siempre: siempre adelante.

 

Por Antonio REGALADO

ACABA DE CUMPLIR dos años. Acumulados a un siglo, naturalmente. Sigue lúcido y comunicativo en Méjico DF, donde ha pasado las últimas seis décadas. Casado, dos hijos, Miguel Morayta (Vallehermoso, 1907) uno de los máximos exponentes de  la edad de oro del cine hispanoamericano, con más de 80 películas a sus espaldas,  recordaba recientemente a la agencia EFE que “a mí me han pasado cosas en la vida que… (se ríe),  yo soy de otro planeta, yo no soy de aquí”, Y en efecto; su vida ha sido de cine.

   El investigador cinematográfico Domingo Ruiz es el manchego que mejor le conoce. Y quien más le ha tratado. Le ha visitado y retratado en multitud de ocasiones. La última, hace tres semanas para entregarle el primer ejemplar de “Carteles de 35 películas de MM”. La cartelería de su vasta obra es digna de una magna exposición  retrospectiva nacional. Los grandes cartelista exilados como los hermanos Joseph y Antonio Renau o José Espert promocionaron sus películas, de las que de la mayoría, es no sólo el director sino además, el guionista y el productor. Toda una vida entregada en cuerpo y alma al cine.

Sobrino de Franco

    Ruiz comenta a ABC que “es un hombre que no siente la nostalgia, ni quiere volver”. Ya regresó en dos ocasiones a España y en la primera, se negó a asistir a una recepción en El Pardo, porque Miguel Morayta, pocos lo saben, era sobrino segundo del general Francisco Franco. El anterior jefe del Estado era primo de su madre. Quizás este parentesco es lo que más haya perjudicado su carrera en España; primero porque los falangistas le consideraban un republicano y en segundo lugar porque los  expertos de la Filmoteca Nacional no le valoraron ni su talento ni su creatividad unidos indisolublemente a su independencia. Miguel Morayta nunca fue un director militante republicano. Sus películas son mero arte para el divertimento, para el consumo popular. El es un pionero del cine en color donde las películas duraban apenas tres semanas en cartel. De ahí lo prolífico de su obra. Como guionista, la mayor parte de los títulos son hallazgos de genio. Cuatro o cinco palabras para contar una historia que le podía pasar a cualquiera.

   Las hemerotecas y filmotecas del Nuevo Continente vinculan  su obra a las de los grandes directores y actrices de su época como Emilio “el indio” Fernández,  Dolores del Río y  Maria Félix. También dirigió a  una Carmen Sevilla ingenua y encantadora en “La guerrillera de Villa (1969) que sustituyó por problemas contractuales a su paisana Sara Montiel con Vicente Parra como galán. “He trabajado en toda América, no creo que no haya un país en el que no haya filmado; ha sido una aventura fascinante”.

Vocación militar

   Los que defienden la memoria histórica han dejado en la “desmemoria” a este hombre del cine que llegó allí por casualidad. Miguel Morayta era un militar de carrera cuando estalló la guerra fratricida y luchó en el bando republicano.  Fue condecorado en varias ocasiones. Como teniente general, artillero del ejército de Cataluña,  defendió la legalidad. Y en Barcelona resistió cubriendo la retirada de exilados por la frontera francesa, cuando Yagüe entró victorioso en Barcelona. Tras el conflicto pasó mil y una aventuras en Francia y África hasta llegar en 1941 a Veracruz en un trasatlántico portugués. “No hay bando republicano, no hay más que gente que se subleva y gente que no (…), me pareció una locura de los compañeros”, diría años después, mirando hacia atrás sin ira. 

   Con una mente despierta para su edad, Miguel Morayta recordaba que “en un campo de concentración de la Francia ocupada, una vieja amistad con un fotógrafo alemán a raíz de su afición mutua por el cine le salvó la vida, ya que su amigo era entonces comandante de la Gestapo y le libró de morir fusilado”.

   Al llegar a México los recibió el Gobierno del presidente Cárdenas, les dio 300 pesos (unos 20 euros de hoy) y “a la calle, a buscarse la vida”, recuerda con humor este ilustre escritor manchego. Él se resistió a trabajar como sus compañeros en una fábrica. “Yo al cine, dije”. Y ahí empezó su odisea. Ochenta y cinco películas dirigidas y una veintena más como guionista. Domingo Ruiz, considera que es “el último romántico del séptimo arte, su oficio es hacer películas divertidas”.

El último artesano

   Si el tratamiento de los historiadores ha sido injusto y desigual, el de la consideración de los políticos nacionales, regionales y locales no se ha quedado atrás: han preferido el olvido. Todos tenemos una gran deuda pendiente con su memoria tras un olvido de cine. Hace poco tiempo ha sido catalogada en la Filmoteca Nacional (pero no rehabilitada para crítica y público) su película “Las aventuras de Cucurrante y Pinocho (1942), realizada con refugiados españoles, que duerme en alguna estantería el sueño de los justos.

    A pesar del interés y de la sensibilidad mostrada hacia su persona y obra por el presidente de la Junta de Comunidades, el doctor ciudarrealense José María Barreda, la delegación de responsabilidades en los  niveles  inferiores de la administración autonómica, provincial y local, no han dado fruto alguno. Este segundo libro sobre sus carteles inolvidables del maestro Morayta casi circula de forma clandestina…

Paso a paso

   Miguel Morayta – el oficial artillero más joven que tuvo el ejército español-   aprovecha la disciplina para llevar una vida normal: hace poco sufrió un accidente, resbaló y se rompió la cadera. Ahora, ese espíritu castrense  le mantiene con ganas de seguir la recuperación  paso a pas, para seguir haciendo la compra y subir a su casa, en un tercer piso. “A esta edad, si deja usted las cosas y se sienta, se muere”. Morayta sigue acudiendo puntual cada sábado a las 6, “como terapia”, a un local de hostelería a charlar con compañeros de la profesión. Cree sin embargo, ya no se hace cine en México. “No es cine lo que se hace ahora, no tienen elementos, no pueden hacerlo, es otra cosa, nosotros éramos los números uno”. Sin duda.

   Domingo Ruiz, su descubridor, cree que este manchego universal necesita un homenaje nacional o al menos un reconocimiento castellanomanchego porque estamos ante el último artesano del cine hispanoamericano.  Conocemos su obra pero alguien tiene que escribir también la historia de su vida, una biografía centenaria  que es la historia más apasionante y cruel de nuestras propias vidas. Con ciento dos años, el tiempo, juega a la contra. Y no es que no es  pase el tiempo, es que pasamos nosotros…  Contraparafrasenado a Neruda, tras un tan largo olvido, demos una oportunidad a su reconocimento. El amor no pasa nunca. Pase lo que pase, su obra deberá permanecer en nuestro recuerdo.

 Filmografía como director y guionistaVenenosa, La. (1949)

 

Ella, Lucifer y yo. (1952)

Pena, penita, pena. (1953)

Limosna de amores. (1955)

Que canten las golondrinas. (1957)
Falso heredero, El. (1966)

La Guerrillera de Villa, La. (1967)

Dos gemelas estupendas. (1967)

Princesa y vagabunda, La (1970)

    De casta

 Nuestro cineasta más longevo, prolífico y  olvidado nació casi por casualidad en Villahermosa (Ciudad Real) donde su padre, Francisco,  ejerció de médico. Un buen hombre que llegó a ser diputado a Cortes y presidente de la  Diputación  Provincial.

    Miguel heredó de su abuelo paterno no solo el nombre y el apellido sino su gran vocación polemista y republicana- Miguel  Morayta Sagrario (1834-1917)  fue un  ideólogo republicano federal iberista, anticlerical infatigable y adalid de masones, cómplice del secesionismo filipino, periodista y catedrático de Historia en la Universidad Central (desde 1868, primero de Historia de España, más tarde de Historia universal), donde utilizó la cátedra como un púlpito para defender y difundir sus ideas contra el sistema monárquico.

   Compañero de estudios de Emilio Castelar (1832) –de quien fue íntimo amigo y colaborador en la política– y de Francisco Canalejas (1834) –de quien se convirtió en cuñado al casarse éste con su hermana Rafaela. Los tres fundaron en 1851, siendo estudiantes muy jóvenes, El eco universitario.

   Sus polémicas salpicaron a todos los intelectuales de la época desde Pi y Margall, a Salmerón –dos de los presidentes de la I Repùblica Española—sin importarle las consecuencias. Fue expulsado de la Universidad Central y más tarde readmitido. Autor de más de veinte libros ha sido considerado el representante del ala más izquierdista del krausismo en España. Como anécdota, decir que 110 años después de su nacimiento, el 2 de octubre de 1944- el Tribunal Especial de la Represión de la Masonería y el Comunismo, inició contra Migue Morayta Sagrario el sumario 798-44 por delito de masonería que fue sobreseído al año siguiente por fallecimiento certificado en 1917.

   

                    Al rescate de la memoria

  Domingo Ruiz es  Licenciado en Imagen por la Facultad de Ciencias de la Información, IV promoción, en la Universidad Complutense de Madrid. En sus ratos libres como funcionario de la UCLM  investigando en la Filmoteca nacional, descubrió al manchego  Miguel Morayta. Viajó en su busca a Méjico y con dos libros de su filmografía  (el primero dedicado a las fotografías de los rodajes) ha querido pagar parte de la deuda histórica que  el cine español tiene con este hombre que durante más de medio siglo se codeó con los monstruos sagrados del cine hispanoamericano.

   “35 películas de Miguel Morayta” es un recorrido por la obra de un genio que sufrió el destierro tras la guerra y el asesinato civil del olvido `por los franquistas y postranquistas que nunca admitieron ni su independencia creativa ni su talento narrativo. El libro que aparece esta semana en las librerías está editado por El gran turbinax, Ciudad Real, 2009, 62 Euros. Más información en www.librosdefotografia.com

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un olvide de pelicula/ miguel morayta:102 años de amor al cine

 

     

 

Miguel Morayta, un olvido de cine

 

 –         Dirigió en Méjico 85 películas y está considerado como uno de los realizadores de la edad de oro del cine azteca.

–         En “35 películas de Miguel Morayta”, su descubridor, Domingo Ruiz nos presenta a un cineasta que solo pretende divertir y diversitrse”.

–         Nació en Villahermosa (1907) y fue el artillero más joven del ejército republicano. Defendió Barcelona hasta kla llegada de Yagüe

–         Trabajó con María Félix, Dolores del Río, Carmen Sevilla y Vicente Parra.

–         Su vida y su obra merecen un homenaje público que no se producido. Falta por escribir su vida.

–          A pesar de ser fiel a la república, nunca hizo un cine militante.

–         Ser sobrino de Franco le perjudicó negándose a ser recibido en El Pardo.

–         Ahora vive en la capital federal con el mismo espíritu castrense que siempre: siempre adelante.

 

Por Antonio REGALADO

 ACABA DE CUMPLIR dos años. Acumulados a un siglo, naturalmente. Sigue lúcido y comunicativo en Méjico DF, donde ha pasado las últimas seis décadas. Casado, dos hijos, Miguel Morayta (Vallehermoso, 1907) uno de los máximos exponentes de  la edad de oro del cine hispanoamericano, con más de 80 películas a sus espaldas,  recordaba recientemente a la agencia EFE que “a mí me han pasado cosas en la vida que… (se ríe),  yo soy de otro planeta, yo no soy de aquí”, Y en efecto; su vida ha sido de cine.

   El investigador cinematográfico Domingo Ruiz es el manchego que mejor le conoce. Y quien más le ha tratado. Le ha visitado y retratado en multitud de ocasiones. La última, hace tres semanas para entregarle el primer ejemplar de “Carteles de 35 películas de MM”. La cartelería de su vasta obra es digna de una magna exposición  retrospectiva nacional. Los grandes cartelista exilados como los hermanos Joseph y Antonio Renau o José Espert promocionaron sus películas, de las que de la mayoría, es no sólo el director sino además, el guionista y el productor. Toda una vida entregada en cuerpo y alma al cine.

Sobrino de Franco

    Ruiz comenta a ABC que “es un hombre que no siente la nostalgia, ni quiere volver”. Ya regresó en dos ocasiones a España y en la primera, se negó a asistir a una recepción en El Pardo, porque Miguel Morayta, pocos lo saben, era sobrino segundo del general Francisco Franco. El anterior jefe del Estado era primo de su madre. Quizás este parentesco es lo que más haya perjudicado su carrera en España; primero porque los falangistas le consideraban un republicano y en segundo lugar porque los  expertos de la Filmoteca Nacional no le valoraron ni su talento ni su creatividad unidos indisolublemente a su independencia. Miguel Morayta nunca fue un director militante republicano. Sus películas son mero arte para el divertimento, para el consumo popular. El es un pionero del cine en color donde las películas duraban apenas tres semanas en cartel. De ahí lo prolífico de su obra. Como guionista, la mayor parte de los títulos son hallazgos de genio. Cuatro o cinco palabras para contar una historia que le podía pasar a cualquiera.

   Las hemerotecas y filmotecas del Nuevo Continente vinculan  su obra a las de los grandes directores y actrices de su época como Emilio “el indio” Fernández,  Dolores del Río y  Maria Félix. También dirigió a  una Carmen Sevilla ingenua y encantadora en “La guerrillera de Villa (1969) que sustituyó por problemas contractuales a su paisana Sara Montiel con Vicente Parra como galán. “He trabajado en toda América, no creo que no haya un país en el que no haya filmado; ha sido una aventura fascinante”.

Vocación militar

   Los que defienden la memoria histórica han dejado en la “desmemoria” a este hombre del cine que llegó allí por casualidad. Miguel Morayta era un militar de carrera cuando estalló la guerra fratricida y luchó en el bando republicano.  Fue condecorado en varias ocasiones. Como teniente general, artillero del ejército de Cataluña,  defendió la legalidad. Y en Barcelona resistió cubriendo la retirada de exilados por la frontera francesa, cuando Yagüe entró victorioso en Barcelona. Tras el conflicto pasó mil y una aventuras en Francia y África hasta llegar en 1941 a Veracruz en un trasatlántico portugués. “No hay bando republicano, no hay más que gente que se subleva y gente que no (…), me pareció una locura de los compañeros”, diría años después, mirando hacia atrás sin ira. 

   Con una mente despierta para su edad, Miguel Morayta recordaba que “en un campo de concentración de la Francia ocupada, una vieja amistad con un fotógrafo alemán a raíz de su afición mutua por el cine le salvó la vida, ya que su amigo era entonces comandante de la Gestapo y le libró de morir fusilado”.

   Al llegar a México los recibió el Gobierno del presidente Cárdenas, les dio 300 pesos (unos 20 euros de hoy) y “a la calle, a buscarse la vida”, recuerda con humor este ilustre escritor manchego. Él se resistió a trabajar como sus compañeros en una fábrica. “Yo al cine, dije”. Y ahí empezó su odisea. Ochenta y cinco películas dirigidas y una veintena más como guionista. Domingo Ruiz, considera que es “el último romántico del séptimo arte, su oficio es hacer películas divertidas”.

El último artesano

   Si el tratamiento de los historiadores ha sido injusto y desigual, el de la consideración de los políticos nacionales, regionales y locales no se ha quedado atrás: han preferido el olvido. Todos tenemos una gran deuda pendiente con su memoria tras un olvido de cine. Hace poco tiempo ha sido catalogada en la Filmoteca Nacional (pero no rehabilitada para crítica y público) su película “Las aventuras de Cucurrante y Pinocho (1942), realizada con refugiados españoles, que duerme en alguna estantería el sueño de los justos.

    A pesar del interés y de la sensibilidad mostrada hacia su persona y obra por el presidente de la Junta de Comunidades, el doctor ciudarrealense José María Barreda, la delegación de responsabilidades en los  niveles  inferiores de la administración autonómica, provincial y local, no han dado fruto alguno. Este segundo libro sobre sus carteles inolvidables del maestro Morayta casi circula de forma clandestina…

Paso a paso

   Miguel Morayta – el oficial artillero más joven que tuvo el ejército español-   aprovecha la disciplina para llevar una vida normal: hace poco sufrió un accidente, resbaló y se rompió la cadera. Ahora, ese espíritu castrense  le mantiene con ganas de seguir la recuperación  paso a pas, para seguir haciendo la compra y subir a su casa, en un tercer piso. “A esta edad, si deja usted las cosas y se sienta, se muere”. Morayta sigue acudiendo puntual cada sábado a las 6, “como terapia”, a un local de hostelería a charlar con compañeros de la profesión. Cree sin embargo, ya no se hace cine en México. “No es cine lo que se hace ahora, no tienen elementos, no pueden hacerlo, es otra cosa, nosotros éramos los números uno”. Sin duda.

   Domingo Ruiz, su descubridor, cree que este manchego universal necesita un homenaje nacional o al menos un reconocimiento castellanomanchego porque estamos ante el último artesano del cine hispanoamericano.  Conocemos su obra pero alguien tiene que escribir también la historia de su vida, una biografía centenaria  que es la historia más apasionante y cruel de nuestras propias vidas. Con ciento dos años, el tiempo, juega a la contra. Y no es que no es  pase el tiempo, es que pasamos nosotros…  Pase lo que pase, su obra permanecerá en el recuerdo.

 Filmografía como director y guionista

Venenosa, La. (1949)

Ella, Lucifer y yo. (1952)

Pena, penita, pena. (1953)

Limosna de amores. (1955)

Que canten las golondrinas. (1957)
Falso heredero, El. (1966)

La Guerrillera de Villa, La. (1967)

Dos gemelas estupendas. (1967)

Princesa y vagabunda, La (1970)

                De casta

 Nuestro cineasta más longevo, prolífico y  olvidado nació casi por casualidad en Villahermosa (Ciudad Real) donde su padre, Francisco,  ejerció de médico. Un buen hombre que llegó a ser diputado a Cortes y presidente de la  Diputación  Provincial.

    Miguel heredó de su abuelo paterno no solo el nombre y el apellido sino su gran vocación polemista y republicana- Miguel  Morayta Sagrario (1834-1917)  fue un  ideólogo republicano federal iberista, anticlerical infatigable y adalid de masones, cómplice del secesionismo filipino, periodista y catedrático de Historia en la Universidad Central (desde 1868, primero de Historia de España, más tarde de Historia universal), donde utilizó la cátedra como un púlpito para defender y difundir sus ideas contra el sistema monárquico.

   Compañero de estudios de Emilio Castelar (1832) –de quien fue íntimo amigo y colaborador en la política– y de Francisco Canalejas (1834) –de quien se convirtió en cuñado al casarse éste con su hermana Rafaela. Los tres fundaron en 1851, siendo estudiantes muy jóvenes, El eco universitario.

   Sus polémicas salpicaron a todos los intelectuales de la época desde Pi y Margall, a Salmerón –dos de los presidentes de la I Repùblica Española—sin importarle las consecuencias. Fue expulsado de la Universidad Central y más tarde readmitido. Autor de más de veinte libros ha sido considerado el representante del ala más izquierdista del krausismo en España. Como anécdota, decir que 110 años después de su nacimiento, el 2 de octubre de 1944- el Tribunal Especial de la Represión de la Masonería y el Comunismo, inició contra Migue Morayta Sagrario el sumario 798-44 por delito de masonería que fue sobreseído al año siguiente por fallecimiento certificado en 1917.

   Al rescate de la memoria

  Domingo Ruiz es  Licenciado en Imagen por la Facultad de Ciencias de la Información, IV promoción, en la Universidad Complutense de Madrid. En sus ratos libres como funcionario de la UCLM  investigando en la Filmoteca nacional, descubrió al manchego  Miguel Morayta. Viajó en su busca a Méjico y con dos libros de su filmografía  (el primero dedicado a las fotografías de los rodajes) ha querido pagar parte de la deuda histórica que  el cine español tiene con este hombre que durante más de medio siglo se codeó con los monstruos sagrados del cine hispanoamericano.

   “35 películas de Miguel Morayta” es un recorrido por la obra de un genio que sufrió el destierro tras la guerra y el asesinato civil del olvido `por los franquistas y postranquistas que nunca admitieron ni su independencia creativa ni su talento narrativo. El libro que aparece esta semana en las librerías está editado por El gran turbinax, Ciudad Real, 2009, 62 Euros. Más información en www.librosdefotografia.com

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el pulso

LA PRESIDENTA DEL PP en Castilla-La Mancha ha demostrado que cuando alguien le echa un pulso lo pierde. Mientras Mariano Rajoy se ha escondido para no dar la cara en la crisis valenciana del “caso Gürtel”, María Dolores de Cospedal se enfrentó en Telemadrid y en la COPE a una docena de periodistas que querían saber cual sería el desenlace de la chulería de Costa jr. y de su cobarde jefe de filas, Francisco Camps.

El no tan Molt Honorable president de la Generalitat ha intentado engañar a todos todo el tiempo y ha terminado apuñalando por la espalda a su secretario general y portavoz en las Cortes regionales, el príncipe llorón Ricardo el soberbio. De Cospedal lo dejó claro en las últimas horas. Dos perlas: “no hay pulsos que valgan” y “uno está en los puestos pero los puestos no le pertenencen a uno; eso hay que tenerlo claro en la vida”. Y los amaneceres le dieron la razón. Costa era un exquisito cadáver mientras se pavoneaba ante la prensa.

Maria Dolores de Cospedal, en un golpe de autoridad al más puro estilo EA (Esperanza Aguirre), y, sobre todo, en un intento de llegar al fondo de la verdad, caiga quien caiga, exige la regeneración en todos los niveles: un PP limpio de corruptores de medio pelo y de corruptos orgánicos deslumbrados por regalos lujosos, coches de marca, inmunidades parlamentarias, sexo a la carta y mentiras a diestro y siniestro.

Habrá que empezar por Génova, 13. Tras el penoso espectáculo de un comité regional valenciano bizcochable; de un grupo parlamentario pesebrero y de unos dirigentes nacionales –Trillo y González Pons colaboracionistas con el estatu quo- la secretaria general de los populares ha dicho basta. El PP puede y quiere. Claro que sus mayores enemigos no son Zapatero ni Rubalcaba ni el Bigotes ni don Vito si no la falta de liderazgo de Mariano Rajoy. Para más INRI el juez imputa a Matas (y señora) por los derroches del Palma Arena.